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AL Gore en su libro, Asalto Contra la Razón publicado por la editorial Random House Mondadori, dice: “Cualquier medio de comunicación dominante nuevo conduce a una nueva ecología informativa en la sociedad que, de manera inevitable, cambia la forma en que se distribuyen ideas, sentimientos, riqueza, poder e influencia, y la forma en que se toman decisiones colectivas”.
Cada vez hay más medios de comunicación y mayor acceso a ellos, ya no tenemos que conformarnos con acudir al kiosco de la esquina a comprar el periódico local o nacional, o sintonizar la radio para escuchar lo que prefieran las masas. Gracias al internet, ahora podemos conectarnos y (literalmente para los que utilicen el programa de Bill Gates) abrir una ventana al mundo, donde podemos escoger cuál diario queremos leer de prácticamente cualquier país, comparar la información que se produce entre México y el resto del planeta, escuchar canales de radio originarios de lugares remotísimos, ver programas de televisión de casi todo lugar e incluso leer opiniones y distintos puntos de vista sobre cualquier cosa. La red se convirtió de repente en una explosión de información tanto escrita, como visual.
Pero el internet no es una entidad que por sí misma esté dotada de inteligencia, sino una mesa redonda donde personas alrededor del orbe comparten, venden y departen, la mayoría de las veces, desde el anonimato o mediante un alter ego. Por su mismo carácter frío, técnico e impersonal, la red de redes se puede prestar al engaño, a chantajes, a vendettas personales y a la desinformación, siendo esta última la que me ocupa de momento.
El mundo no sólo se volvió pequeño con la globalización y la explosión demográfica, también se tornó cínico y rapaz, provocando que unos a otros nos miremos con desconfianza y que sea habitual levantar la ceja dudosos cuando nos referimos a nuestros gobernantes, los cuales irónicamente defendimos a capa y espada cuando en su momento se presentaban sonrientes y humildes como candidatos. Esto me lleva a añadir una variable más a este caldo de sentimientos: la política.
Tanto en México, como en el mundo, hemos sido testigos de innumerables actos en los cuales a los ciudadanos comunes y corrientes nos han engañado y literalmente nos han jugado el dedo en la boca mientras otras acciones de gran importancia se tejían en el patio trasero del circo deliberadamente montado. Recordamos con tristeza al chupacabras, a los náufragos y a las copas de futbol como marquesina de decisiones que afectaban las libertades e intereses de la gente, en tanto que nuestra atención se encontraba distraída, quienes después nos lamentamos por haber sido tan crédulos y un sentimiento de indignación iba creciendo en nuestro interior.
Todas estas acciones fueron predisponiéndonos a desconfiar de nuestros gobernantes, desconfianza misma que ha sido utilizada por los partidos políticos y simpatizantes para crear campañas de desinformación, las cuales han sido orquestadas desde diferentes puntos, siendo el internet una fuerte arma desde la cual operan, ya que ésta, por su mismo carácter impersonal escasamente regulado, no exige que lo que se publique sea cierto, esté fundamentado o sea respaldado por una persona u organización, lo cual contribuye a la creación de sofismas que permean en la conciencia de la gente, llevándola a considerar como cierto algo que no lo es.
Estoy completamente a favor de la libre distribución de las ideas; considero que una persona inteligente es aquella que gusta de informarse, documentarse y de comparar diversas opiniones antes de emitir una conclusión, pero también estoy consciente del diluvio de pensamientos en los que tenemos que navegar diariamente, y de la manipulación que los gobiernos ejercen en algunos medios de comunicación, provocando que la gente entonces ya no sepa en qué creer. Aunado esto al hartazgo e indignación que provoca el ya haber sido manipulados en el pasado, no sería raro que intencionalmente nos inclináramos a las versiones no oficiales.
Algo por el estilo está ocurriendo actualmente con esta epidemia, catalogada ya como de nivel 5 por la Organización Mundial de la Salud. Decenas de correos electrónicos anónimos han recorrido México advirtiéndonos de un posible engaño del gobierno por oscuros intereses nacionales e internacionales, que involucran tanto la crisis económica mundial, como aprobaciones a controversiales propuestas de leyes en el Senado de la República. Los textos han sido escritos de forma muy convincente, además de que informan sobre eventos que efectivamente sucedieron, como la aprobación del dictamen de la iniciativa de la Ley de Narcomenudeo, la cual permite la portación de dosis mínimas de drogas, marihuana, cocaína y cristal, entre otras, justo en el momento en que el pánico general se desataba por los alcances de la influenza humana.
Sin embargo, por más dudas que estos hechos levanten entre nosotros, resulta demasiado irresponsable el considerar esta enfermedad como parte de una conspiración mundial para entretenernos mientras otras acciones se llevan a cabo, sobre todo porque, de ser esto cierto, se requeriría que los gobiernos del mundo fueran cómplices de la misma (hay que recordar que ya son varios los países que reportan infecciones confirmadas del virus A/H1N1). Esta mentalidad, producto de la enorme desconfianza que tenemos de los políticos y las instituciones, podría orillarnos a ser negligentes en nuestros cuidados, ayudando a que el germen se propague aún más, amenazando nuestra salud y la del resto. Debemos tener una mentalidad abierta para evitar ser engañados, pero no tanto como para que nuestro entendimiento se escape, convirtiéndonos en víctimas de nuestra paranoia personal.
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