Tras la puerta

Miercoles 30 de Noviembre del 2016
SABINA DE LA LUZ URZÚA

Dos versiones

¿HASTA cuándo seguirán vigentes las leyes contradictorias? Serán 16 días los que convocará las Naciones Unidas para, bajo el título de “Pinta el mundo de naranja”, nos concienticemos de la necesidad de buscar soluciones a la violencia contra mujeres y niños.

El programa comenzó el pasado viernes 25 (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer) y concluirá el 10 de diciembre (Día Internacional de los Derechos Humanos). Su objetivo es ampliar y solucionar la escasez de fondos que permitan operar, a nivel mundial, programas efectivos. Aquí en Colima no se ha pintado de naranja ningún edificio público. En Colima, estamos atrasados hasta en información institucional completa. Sólo se escribe en los acuerdos judiciales los números de artículos de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, pero no se aplican, porque se operan las leyes estatales que los contradicen.

Aunque esta ley general tiene que ser aplicada en toda la República, no se cumple. La ley general OBLIGA –con mayúscula, por favor– a las autoridades judiciales a no buscar conciliar entre miembros de la familia. Hay desinformación de los miembros de familia, éstos desconocen a fondo cuáles son sus derechos, y no se les dice que todos tenemos, al momento de adquirir derechos, también obligaciones.

Así se perpetúa la ignorancia en las leyes, y se favorecen la impunidad y la violencia. Olvidamos que a un derecho corresponde una obligación. El derecho es bilateral (tiene dos lados), es un binomio indisoluble, forzoso. No hay sólo derechos ni sólo obligaciones. Mientras sigamos hablando sólo de unilateralidad de los derechos de mujeres o de los hombres, se perpetuará el control y el dominio, sin importar cuál es el género. Para ser víctima, basta que una permita el control a otro. Y el abuso cansa y trae seguro la pelea y la violencia. Si una pareja va a divorciarse o a promover convenios sobre sus derechos y sus obligaciones y no están informados a fondo, seguirán peleando, y los hijos estarán en medio.

En México, o al menos en Colima, se presenta una ignorancia en esta área legal en materia familiar y civil que nadie ha visto o que a ninguna autoridad le interesa resolver. Y una se pregunta: ¿Por qué no hay módulos de información para que esta ignorancia disminuya?, ¿cuántos padres y madres gritan o maltratan a sus hijos? porque siendo éstos los más frágiles, es fácil descargar en ellos las frustraciones de tener como pareja a una persona desobligada, ¿cuántos hombres se desesperan porque la pareja sólo los utiliza para cajero automático –proveedor–?

Las leyes estatales dicen que se procure la conciliación, y las leyes federales la prohíben, entonces, ¿qué hacer? Claro que resulta en apariencia más fácil llegar a convenios que luego no se cumplen, porque una persona víctima frente a la persona controladora está en desventaja. Ante esta situación de leyes en dos versiones, una se pregunta entonces: ¿Para qué existen las leyes? Grave y profunda contradicción. Ante los medios, los Poderes Judicial, Ejecutivo y Legislativo afirman conocer las leyes y aplicarlas, mas en la realidad se presenta la otra versión, la que se escribe en los expedientes y en las videograbaciones, y que demuestra el tremendo vacío y contradicción.

Si la obligación del Estado es el garantizar a las mujeres su seguridad y el ejercicio pleno de sus Derechos Humanos, tendrían que evitar que la atención que reciben la víctima y el agresor sea proporcionada por la misma persona y en el mismo lugar; que en ningún caso brinden atención aquellas personas que hayan sido sancionadas por ejercer algún tipo de violencia; el que eviten procedimientos de mediación o conciliación, por ser inviables en una relación de sometimiento entre el agresor y la víctima, y que se haga lo posible por favorecer la separación y alejamiento del agresor con respecto a la víctima. Como siempre, hasta siempre. “La respuesta, mi amigo, está en el viento”, Bob Dylan.

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