Debate electoral

Jueves 28 de Julio del 2016
ISELA GUADALUPE URIBE ALVARADO

Hillary Clinton

ES claro que existe un reconocimiento cada vez mayor de la participación activa de las mujeres, no sólo en el ámbito de lo político. Poco a poco, se han conquistado cargos importantes y de liderazgo, donde apenas hace unas décadas eran impensables. Sin embargo, es claro también que todavía existen importantes barreras (culturales, patriarcales, dominantes) denominadas “techos de cristal”, que han impedido que muchas mujeres puedan llegar a ocupar cargos de diversa índole.

En la pasada Convención Nacional del Partido Demócrata, en los Estados Unidos, Hillary Clinton se convirtió en la aspirante a ocupar el liderato del país más poderoso del mundo. La nominación oficial es una de las noticias que ha generado un importante impacto, y en realidad, no sólo porque la nominada sea una mujer, sino también por el contrincante que enfrenta, por las propias visiones de mundo que tienen y, sobre todo, porque está en juego la hegemonía mundial de Norteamérica.

Es inevitable (más no central) el hecho de que sea una candidata mujer, y ello pudiera poner en el debate el tema de género; sin embargo, desde mi punto de vista, lo trascendente es que una mujer con la trayectoria como la que tiene Hillary, pudiera ocupar uno de los espacios más altos en el poder político. Y es claro que no se podrá evitar hablar de la candidata mujer, por el rezago histórico y la subrepresentación de miles de mujeres en puestos de alto nivel.

Recordemos que en las elecciones pasadas, la propia Hillary enfrentó a Barack Obama y se enfrentó en aquel momento al impacto de que por primera vez un afroamericano pudiera hacer historia y liderar la política estadounidense, y así sucedió. Ahora, el hecho de que sea mujer, pudiese ser explotado para fines electorales, pero no hay que dejar de lado que es una política preparada, con experiencia y con una carrera sólida.

La candidatura se la ganó no por ser mujer, sino por méritos de trayectoria. Eso es lo que tenemos que ponderar. Existen miles de mujeres con trayectoria, con preparación, con liderazgo, que se han quedado en el camino por el solo hecho de ser mujer; ahí sí nos enfrentamos a problemas graves de inequidad de género. Eso es justo lo que hay que abatir. De ahí entonces es importante recuperar la trascendencia y el impacto que pudiera generar la postulación de una candidata mujer a dirigir la Nación más poderosa del planeta.

Por otra parte, es importante referir que Hillary no es la primera mujer candidata a dirigir los Estados Unidos. La historia refiere a Victoria Woodhull como la primera mujer candidata a dirigir la Casa Blanca por el Partido Por la Igualdad de los Derechos, en 1872, es decir, casi medio siglo antes de que las mujeres obtuvieran el derecho a votar en la Unión Americana.

A 144 años de distancia entre Victoria y Hillary, a escasas décadas del derecho al voto en los Estados Unidos (1920), tan sólo dos mujeres han sido referentes para dirigir una Nación como la del vecino país del norte, de las cuales, en realidad, la candidatura de Hillary pareciera ser una opción posible de llegar al poder.

Ahora, los demócratas ya rompieron ese “techo de cristal” tan simbólico y significativo para que miles de mujeres crean y vean que es posible llegar. “No puedo creer que acabemos de poner la mayor grieta en ese ‘techo de cristal’”, ha asegurado la ya candidata a la Presidencia.

Por otra parte, es importante resaltar, en estos momentos, el respaldo que ha tenido la candidata demócrata por parte de la primera dama, Michelle Obama. La popularidad y el impacto que pueda tener el respaldo de una mujer a otra de ese tipo de investidura mandan un mensaje más que alentador y, sobre todo, un mensaje de empoderamiento a romper esos techos de cristal, y a que miles de mujeres crean que es posible llegar.

 

*Consejera del IEE

consejera.isela @ieecolima.org.mx

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