Debate electoral

Jueves 2 de Junio del 2016
ISELA GUADALUPE URIBE ALVARADO

Las mujeres en lo público

UNO de los debates más importantes que se ha generado a propósito del reconocimiento a nivel constitucional de la igualdad entre hombres y mujeres, es que existe una necesidad imperante de que las mujeres deban ocupar espacios en la vida pública en cualquier parte del mundo. Entendamos, pues, al espacio público como todo aquello que queda fuera del espacio privado (como el hogar) y que se constituye como parte de un Estado integrado por individuos/ciudadanos.

Uno de los antecedentes más importantes y significativos que hoy en día nos llevan a ponderar esta necesidad de colocar a las mujeres en lo público, es gracias a las largas luchas feministas durante 3 siglos. Sí, gracias a esas mujeres que dieron hasta la propia vida por buscar lograr esa igualdad tan anhelada entre hombres y mujeres, así como por reconocer y visibilizar las enormes brechas de desigualdad entre los géneros, hoy día pareciera ser que continúa vigente.

Desafortunadamente, los datos nos arrojan que las brechas y el acceso a la participación de las mujeres en espacios que tiene que ver, no sólo con cargos de representación popular, sino de alto nivel gubernamental y con espacios de toma de decisiones están muy desiguales. Por ejemplo, hasta este año, tan sólo a nivel federal, las Secretarías de Estado, más la Procuraduría General de la República, el 84.22 por ciento de los cargos son ocupados por hombres, y las mujeres están con un 15.78 por ciento.

La integración actual de la Cámara de Senadores tiene 65.63 por ciento de hombres y 34.38 por ciento de mujeres; y en la de Diputados, hay 42.4 por ciento de mujeres con 57.6 de hombres.

A nivel local, el Congreso del Estado se integró con un 60 por ciento de hombres y un 40 por ciento de mujeres. En presidencias municipales estamos con un 80-20 porcentual a favor de los hombres; en sindicaturas, con 70-30, también con representatividad mayoritaria masculina; y el caso de regidurías, con 53.19 ocupadas por varones y 46.61 por ciento por mujeres.

Es claro que la lucha por la igualdad sigue vigente. Todavía no hay una conquista de espacios suficientes, por lo que se hace más que evidente la necesidad de representar de forma igualitaria a una población mayoritaria, como lo somos las mujeres. Ha habido avances, sí. No han sido los necesarios ni los suficientes. No existe una igualdad de representatividad en el poder político de las mujeres. Tampoco la remuneración por el trabajo a las mujeres es de forma igualitaria.

Las demandas sociales y los derechos laborales para garantizar mejores condiciones a que miles de mujeres accedan a espacios –no sólo de lo público– es un caso que no ha sido resuelto.

Es indispensable, pues, en primera instancia, visibilizar el fenómeno de la desigualdad de participación de las mujeres en lo público, con el objetivo de evidenciar que a pesar de todos los discursos que puedan darse a favor de las mujeres, las estructuras patriarcales continúan vigentes.

Vivimos en una sociedad masculinizada, donde se reserva en exclusiva el espacio de lo privado –entendámoslo como el hogar, por ejemplo– sólo para las mujeres, y que lo público, en todos sus niveles, es para los varones. Vivimos frente a una cultura de desigualdad y discriminación social hacia las mujeres que se atreven a conquistar más allá del espacio privado.

El lograr generar más y mejores espacios de participación a las mujeres en lo público, traerá consecuencias positivas y de impacto favorable a que miles de mujeres se atrevan y crean que es posible acceder y llegar. Urge hacer efectiva la igualdad sustantiva y reconocer a hombres y mujeres en condiciones de igualdad, pero identificando sus diferencias. Tenemos que trascender del discurso a los hechos. El verdadero reconocimiento a la igualdad es más que un decreto.

En todo Estado democrático es más que necesario adoptar la igualdad como una condición social y, sobre todo, como una forma de vida.

 

*Consejera del IEE

consejera.isela@ieecolima.org.mx

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