Tiempo fuera

Miercoles 15 de Febrero del 2017
HÉCTOR SÁNCHEZ DE LA MADRID

La “violación” de la secretaria

DURANTE el sexenio de la gobernadora Griselda Álvarez, se puso énfasis en todo lo relacionado con la mujer, especialmente en el trato personal y los Derechos Humanos que les eran escatimados en una sociedad machista como la que tenía Colima en aquel entonces.

Doña Griselda fue una defensora de la mujer en todos los aspectos. En una ocasión que fue a visitar las obras de la construcción del Palacio de Justicia, se encontró a una joven laborando en un oficio considerado para hombres, que le provocó que se dirigiera a ella en un tono de reconocimiento para decirle: “Es mejor que desempeñes el trabajo de albañil, en lugar de que seas meretriz”.

En aquellos años, la violación a las mujeres se castigaba con una pena menor, lo que motivó a la primera Gobernadora en Colima y en el país a que se elaborara una iniciativa para reformar el Código Penal y se incrementara sustancialmente el castigo a los violadores, al igual que se simplificaba la denuncia de ese delito y la comprobación del mismo en la averiguación previa.

Con relativa facilidad, una mujer podía presentar una denuncia por violación ante el Ministerio Público y éste, de igual forma, consignar el caso ante el Juez de lo Penal para que le girara la orden de aprehensión y enseguida el auto de formal prisión al detenido, quien en pocas semanas recibía la sentencia definitiva con una condena ejemplar de varios años de cárcel.

Esta enmienda al Código Penal redujo la incidencia de las violaciones a las mujeres, al convertirse en la espada de Damocles que podía sancionar sumariamente con una pena mayor a quien realizara el delito más grave que se le puede cometer a una mujer. No hay otra acción más invasora y traumatizante que la penetración de la vagina, mediante la fuerza bruta para lograr el cometido.

Quizás el procedimiento aprobado para desarrollar las pesquisas en la integración de la averiguación previa, así como la rapidez con la que se podía juzgar y sancionar al presunto culpable, además de la cantidad de años de purga en la cárcel, se salían del estricto espíritu de la justicia, sin embargo, ningún castigo será suficiente para penalizar la invasión forzada de un cuerpo extraño en el de la mujer ultrajada.

En ese entorno especial se vivía en el Colima de la década de los 80, cuando la secretaria de un reconocido ingeniero, cuyos nombres omitiré por obvias razones, presentó una denuncia por violación ante el Ministerio Público en contra, precisamente, de su mismo patrón.

He de precisar que, hasta ese momento, el ingeniero, de corta estatura y regordete, que rebasaba los 60 años, gozaba de una reputación intachable como persona y profesionista, lo que conmocionó a quienes lo conocían, que no creían la versión de la secretaria de que había sido violada por tan respetable señor.

El Ministerio Público procedió de inmediato, solicitando al Juez correspondiente la orden de aprehensión, la cual fue girada y ejecutada rápidamente, así como la petición del auto de formal prisión que se cumplió cabalmente. De buenas a primeras, el ingeniero estaba detenido, tras las rejas, sometido a proceso por presuntamente ultrajar a su secretaria. Días antes, nadie hubiera pensado siquiera en que podía ocurrir dicho acontecimiento.

Ya en prisión e indiciado el honorable profesionista, sus amigos y familiares acudieron con la secretaria para solicitarle que retirara la denuncia y le otorgara el perdón judicial, misma petición que al principio rechazó la mujer ofendida, hasta que los ruegos de quienes suplicaban clemencia para el acusado lograron que la denunciante accediera, no sin algunas reticencias, justificables por demás. Enseguida le platicaron el acuerdo al licenciado que representaba a la secretaria y llevaba el caso.

Hablaron también con el abogado defensor y entre todos prepararon el careo del ingeniero y la secretaria ante el Juez, cometiendo el error garrafal de no comentar lo sucedido con el presunto culpable, quien se presentó ante la autoridad judicial sin saber el arreglo al que habían llegado con la contraparte.

El Juez leyó la denuncia al acusado y la querellante, e informó sobre las diligencias practicadas e integradas en el expediente, haciendo una pausa para darle la voz a la secretaria, quien reconoció que el incidente la había confundido, que ahora recordaba lo ocurrido, y en efecto, el ingeniero la besó y tocó su cuerpo esa vez, pero al intentar la relación sexual no logró la erección, por lo que nunca fue violada, sorprendiendo al Juez por la nueva versión, al igual que al presunto culpable, quien reaccionó nervioso y enojado.

La tez del ingeniero le cambiaba de color una y otra vez, del rojo al blanco, hasta que alzó la voz, furioso y desencajado, para gritar que la declaración de la secretaria era falsa, que mentía, que sí tuvo una erección y la había ultrajado, ocasionando una discusión acalorada con los abogados y la propia secretaria hasta que lo convencieron de que aceptara la versión de la querellante, lo que sucedió cuando el distinguido profesionista entendió la argucia legal y corroboró la nueva declaración ante el Juez, quien la asentó en el acta y redactó el perdón judicial que fue firmado por la secretaria.

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