Un México sin violencia es posible

Jueves 22 de Diciembre del 2016
VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS

DESDE 2012, las Comisiones para la Igualdad de Género y la de Estudios Legislativos del Senado de la República, aprobaron reformar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al entonces Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), para definir el término de “violencia política de género”. En un artículo que publiqué en 2014, y de acuerdo a una investigación que realicé en internet, el 22 de marzo de 2013 el Senado había aprobado tales reformas, sin embargo, consultando ahora dicha ley, no se observa un capítulo específico sobre el tema.

El objetivo de las senadoras que promovieron entonces dichas reformas, era visibilizar las agresiones contra las mujeres en el ámbito político, porque consideraban que en tanto no se reconozca que existe violencia política contra las mujeres y no se implementen acciones para ponerle fin, y mientras no se garantice el acceso de las mujeres a la toma de decisiones en condiciones de igualdad, no se podrían dar pasos firmes hacia la paridad de género en los cargos de elección popular.

A 4 años de aquellas acciones emprendidas por las legisladoras federales, la violencia política de género está siendo visibilizada, pero no porque desde el Congreso de la Unión y desde los Congresos de los estados se haya legislado al respecto, sino porque cada vez más mujeres –y hombres, como el consejero del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca, Uriel Pérez García– que defienden la participación política de las mujeres, la igualdad de género y la paridad– están siendo agredidas en muchos sentidos, incluso físicamente.

Hace unos días, la velocista y actual senadora por el Partido del Trabajo, Ana Gabriela Guevara, fue brutalmente golpeada por cuatro sujetos mientras conducía su motocicleta sobre la carretera México-Toluca. Las fotografías de su rostro hinchado y amoratado fueron difundidas por los medios de comunicación nacionales, que han dado una amplia cobertura al suceso. Tal parece que esto molestó a quienes justifican la violencia –quizá porque la ejercen también–, y la legisladora fue revictimizada en las redes sociales. Por cierto, no es la primera vez que esta mujer, que ha puesto en alto el nombre de México en el mundo del deporte, sufre agresiones.

Pero el caso de Ana Guevara es sólo uno de los miles de casos de violencia contra las mujeres en este país. Y como ella, millones de mujeres decimos: ¡Ya basta! Y vemos la urgente necesidad de convocar a una cruzada nacional contra la violencia hacia las mujeres, misma que debería ser, en mi opinión, de carácter permanente, pero, sobre todo, debe ir acompañada de una política pública que no se quede en el papel o en el discurso, sino que inunde las aulas de las escuelas, para enseñar a nuestros niños y niñas una cultura de respeto, diálogo y tolerancia; que llegue a los Ministerios Públicos y a los juzgados, para aplicar la perspectiva de género y sancionar a quienes violenten a las niñas y las mujeres; una política real que empiece desde abajo y suba hasta arriba, para hacer realidad la igualdad sustantiva.

Creo que un México sin violencia es posible, si se tiene voluntad y compromiso para emprender una reforma estructural en el ámbito político, penal, educativo, social y cultural. Esperemos que el año próximo, el Congreso de la Unión apruebe la tipificación de la violencia política de género, pues, al parecer, hay alrededor de 12 iniciativas, y ninguna ha prosperado porque no se quiere penalizar este tipo de violencia.

 

*Consejera del IEE y periodista

verogonzalez73@gmail.com

Protegemos su pago con los métodos más seguros: