El peligroso desencanto de la democracia

Jueves 8 de Diciembre del 2016
VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS

ESTAMOS a unas semanas de terminar el año. Más allá del balance que se pueda hacer respecto de los logros y resultados en materia político-electoral alcanzados en 2016, lo cierto es que de acuerdo con el artículo 225 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, el proceso comicial federal ordinario se iniciará en septiembre de 2017, y concluirá con el dictamen y declaración de validez de la elección de Presidente de la República. En Colima, en 2018 se renovarán los Ayuntamientos y el Congreso del Estado.

Así, pues, las elecciones de 2018 se enmarcan, como ya lo ha dicho el presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, en un contexto muy complejo para la escena electoral que nunca antes se había vivido en el país. Y aunque en un primer momento parecería que nos estamos adelantando, no es así, porque el contexto que rodea a la democracia mexicana, y a la mayoría de las democracias modernas del mundo, es preocupante, de allí la necesidad y urgencia de implementar acciones que permitan revertir el peligroso desencanto por la democracia.

Quiero retomar para este artículo algunas de las ideas que Córdova Vianello expresó en el XXVII Congreso Nacional de Estudios Electorales: el Nuevo Mapa Electoral Mexicano, celebrado en noviembre pasado, ideas que por su relevancia y vigencia me parece pertinente compartir, porque nos invitan a la reflexión y al análisis, tanto colectivo como individual, y tienen que ver con los factores que inciden y presionan, de algún modo, la ejecución y desarrollo de los procesos electorales en nuestro país.

La elección de 2018, dijo Córdova Vianello, se prevé altamente compleja por tres factores: la insatisfacción por la democracia, lo que deriva en una crisis en la credibilidad de las instituciones democráticas, y en la confiabilidad por las expectativas en los procesos electorales que se generan en la sociedad; el surgimiento de fenómenos que constituyen funciones autoritarias, acompañado de una simplificación de la política que ha desgastado los valores democráticos en las recientes generaciones de ciudadanos, lo que conlleva a un paulatino proceso de vulgarización y precarización de los principios democráticos; y las actitudes que las nuevas generaciones están asumiendo frente a la democracia.

Para abordar estas problemáticas, sostiene el presidente del INE, se visualiza que las autoridades electorales afinen sus procesos y lleven a cabo las estrategias de cultura cívica, como la Estrategia Nacional de Cultura Cívica (ENCCÍVICA), que impactarán positivamente en la participación de la ciudadanía. Dicha estrategia tiene un enfoque de política pública que contempla 10 ejes rectores, como son la importancia de la información pública; Estado de Derecho y Derechos Humanos; gobernanza y construcción de redes; perspectiva de género; interculturalidad; igualdad y no discriminación; participación y empoderamiento de la ciudadanía; binomio partidos políticos-gobierno; medios de comunicación; y espacios del Estado para el fomento de la cultura cívica.

Estamos de acuerdo con Córdova cuando señala que el estancamiento del país que aqueja a la sociedad, como la pobreza, se ha originado por las incorrectas políticas públicas que se han implementado desde los años 80, y por una precaria cultura política que afecta incluso las relaciones personales. Y si bien lo anterior no es un asunto del proceso electoral, sí incide en su implementación. La educación cívica no resolverá estos problemas directamente, pero creemos que puede ayudar de manera eficaz a que la sociedad sea partícipe de su entorno y tome las decisiones que conllevarán a la transformación de su realidad.

 

*Consejera electoral y periodista

Twitter: @verogonzalezc

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