Derechos Humanos y libertad de expresión

Miercoles 3 de Agosto del 2016
VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS

LOS Derechos Humanos, de acuerdo con la definición clásica, son el conjunto de prerrogativas inherentes a la naturaleza de la persona, cuya realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral del individuo que vive en una sociedad jurídicamente organizada. Estos derechos, establecidos en la Constitución y en las leyes, deben ser reconocidos y garantizados por el Estado.

En tal sentido, la libertad de expresión es un Derecho Humano consagrado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y resulta indispensable para el buen funcionamiento de la democracia.

“Los orígenes de la libertad de expresión se pueden rastrear en el Siglo 18, en la época de la Ilustración, en el momento del nacimiento del concepto de los derechos individuales y la adopción de los primeros instrumentos constitucionales. No obstante, fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando la libertad de expresión se convirtió en un principio universalmente reconocido”, asegura Szymon Janczarek en su libro titulado Restricciones a la libertad de expresión política en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, editado en 2015 por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos estipula en su artículo 19, que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Asimismo, nuestra Carta Magna protege, en sus artículos 6 y 7, la libertad de expresión, el derecho de réplica y el derecho a la información, y establece los límites a este derecho, los cuales tienen que ver con que no se ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, no se provoque algún delito, o se perturbe el orden público.

La libertad de expresión goza de una amplia protección, no sólo porque es uno de los derechos básicos del ser humano, sino también porque su práctica cotidiana enriquece el debate y la pluralidad política. Desde luego que este derecho va aparejado con otros derechos, como son el derecho a la información, y en un ámbito más amplio, el derecho de reunión y de asociación política.

En la introducción a su obra ya mencionada, Szymon Janczarek, citando a O’Flaherty (2012) y Seleoane (2002), refiere que “ningún proceso democrático puede funcionar correctamente si los ciudadanos no reciben información sobre los asuntos públicos y si no existe un intercambio de las opiniones, pues las elecciones y la libertad de expresión, en particular la libertad del debate político, forman la piedra angular de cualquier sistema democrático”.

Éstas fueron algunas de las ideas que abordé en la conferencia “Derechos Humanos y Libertad de Expresión”, en la que también participó Eleazar Mendoza López, jefe del Departamento de Capacitación, Enseñanza y Programas Especiales de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima, realizada en julio pasado, en el Archivo Histórico del municipio de Colima.

En su oportunidad, uno de los asistentes señaló que muchas veces no se respetan los Derechos Humanos ni en el ámbito laboral, social o político, a lo cual respondí que es mejor plasmar en las leyes la protección y goce de los Derechos Humanos, que no hacerlo, porque hay Estados, como los llamados extremistas, que no los tienen en su legislación y los violentan sistemáticamente.

“Nos falta mucho por hacer para lograr el empoderamiento ciudadano, y aunque tal vez las condiciones que vivimos en el país no han permitido que ello se consolide por el miedo que puede generar el problema de inseguridad pública, tenemos que seguir luchado, cada uno desde nuestro ámbito, para hacer valer y respetar los Derechos Humanos”, enfaticé.

 

*Consejera del IEE y periodista

Twitter: @verogonzalezc

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