Hacia una democracia paritaria

Miercoles 6 de Julio del 2016
VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS

“HACIA una democracia paritaria. La evolución de la participación política de las mujeres en México y sus entidades federativas”, de la autoría de Manuel González Oropeza, magistrado de la Sala Superior de dicho Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF); Karolina M. Gilas, investigadora del Centro de Capacitación Judicial Electoral, y Carlos Báez Silva, director de dicho Centro, es un libro de lectura obligatoria para entender el largo y sinuoso camino que las mujeres mexicanas han tenido que recorrer para ejercer sus derechos político-electorales y ocupar cargos de representación popular.

En seis capítulos, los autores documentan la lucha de las mujeres por alcanzar el sufragio femenino en México, el debate que se generó al transitar de derecho al voto al derecho de ser votadas, el acceso a las candidaturas, la evolución de la cuota de género y su impacto en la participación política de las mujeres, la sentencia SUP-JDC-12624/2011, la paridad de género elevada a principio constitucional y la aplicación de dicho principio en las sentencias del Tribunal.

Las primeras demandas del voto femenino se remontan a 1887, en la revista Violetas del Anáhuac, dirigida por Laureana Wright de Kleinhans. En las primeras décadas del Siglo XX, las mujeres revolucionarias y liberales se pronunciaban en favor de la igualdad, pero es hasta 1952 cuando se reconoce el sufragio femenino. En las décadas posteriores, las demandas de los movimientos feministas por lograr una mayor participación política de las mujeres son crecientes, y en los noventas se logra impulsar la ampliación de los espacios públicos en la política mexicana.

En 1993, mediante la reforma electoral, se estipula la recomendación a los partidos políticos de incluir en la lista de candidatos a por lo menos el 30 por ciento de mujeres, lo cual significa un primer paso en el tema de la igualdad política. Sin embargo, es hasta 2007 cuando se registra un aumento en la cantidad de representación por género, debido que se establece la “cuota 40-60”, por la cual los partidos sólo podían postular como máximo un 60 por ciento de candidatos de un mismo género.

La cuota de género es un mecanismo que tiene como objetivo hacer partícipe con mayor empuje a las mujeres en candidaturas. Asegura un cierto porcentaje de colaboración femenina y brinda derechos. La aplicación de esta medida, explican los autores, ha generado reacciones negativas, las cuales se fundamentan en la conjetura de que “son discriminatorias hacia los hombres, son antidemocráticas, crean fracciones dentro de las instituciones políticas”, por mencionar algunas. En contraparte, se menciona que la cuota de género ha incentivado eficazmente la representación de las mujeres y ha acelerado la igualdad de oportunidades.

Precisan que las cuotas no son una acción definitiva que derivará en una mayor ocupación femenina en el gobierno, sino que pretenden disminuir la diferencia numérica entre un género y otro, sin incidir directamente en su elección. Ahora bien, las cuotas han sido percibidas también como una medida correctiva ante las diferencias marcadas en el ámbito político, las cuales vienen a compensar y resarcir las desigualdades históricas.

Por último, González Oropeza, Gilas y Báez, abordan la paridad de género (50-50), elevada a principio constitucional en 2014 y destacan que, en las sentencias del TEPJF, “la aplicación de este principio es acorde con el propósito de las acciones afirmativas, que es revertir escenarios de desigualdad histórica y de facto que enfrentan ciertos grupos humanos en el ejercicio de sus derechos, y con ello, garantizarle un plano de igualdad sustancial”. La constante que se observa en dichas sentencias, es la consistencia y firmeza en la aplicación de la paridad de género en la integración de las listas de candidatas y candidatos.

 

*Consejera del IEE y periodista

verogonzalez73@gmail.com

Protegemos su pago con los métodos más seguros: