Paz y la identidad del mexicano

Miercoles 17 de Febrero del 2016
VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS

OCTAVIO Paz es, sin duda, uno de los escritores más influyentes del Siglo 20. Su obra poética y ensayística ha marcado a distintas generaciones de intelectuales que mantienen vivo su legado. Poseedor de una aguda inteligencia y conocedor de la realidad mexicana, el autor de El laberinto de la soledad generó un debate social, antropológico y psicológico en torno a la identidad del mexicano, identidad que esconde y revela al mismo tiempo, que incluye y también excluye.

Para Octavio Paz, el mexicano no es una esencia, sino una historia. Por ello, en el texto “Máscaras mexicanas” aporta su visión de la identidad del mexicano, construida a partir de sucesos históricos “traumáticos”, como ejercicio para reflejarse y reconocerse frente al “otro”.

La identidad en El laberinto de la soledad Considerado “el poeta mexicano más prestigiado y controvertido de la segunda mitad del Siglo 20”, definido por Enrique Krauze como “un hombre de su siglo”, y por Rafael Pérez Gay como “un crítico de su tiempo y un autor de una prosa pulidísima”, Octavio Paz fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, en 1990.

En sus primeros años, los libros de Octavio Paz fueron alabados en forma casi unánime. Aun hoy, el llamado “Primer Paz” es considerado por algunos críticos como el mejor; en contraste, para otros autores, la obra de su madurez es la que lo define como gran poeta y ensayista, explica Patricio Solano.

Es en 1950 cuando se publica El laberinto de la soledad, un ensayo de lectura obligada para todo aquel que quiera adentrarse en el conocimiento de la sociedad y la cultura mexicanas, porque en él, Paz intenta definir los rasgos de identidad del mexicano y los prejuicios que todavía existen en torno al origen racial, casi siempre español o indígena, para marcar una diferencia con el “otro”.

Ya desde 1925, el gran José Vasconcelos abordaba el tema de la identidad nacional y reflejaba sus aspiraciones respecto al posible surgimiento de una quinta raza, “la raza de bronce”, en el continente americano, resultado de una mezcla de todas las razas del mundo sin ninguna distinción, para construir una nueva civilización. Dicha idea tenía un fuerte componente hispánico, que de algún modo, reaccionaba frente al imperialismo norteamericano.

En El laberinto de la soledad, Paz realiza un ejercicio de la imaginación creadora y pinta una tipología del mexicano, en una especie de juego de espejos que le permite mirar al “otro” y mirarse a sí mismo; mirar y ser mirado, siempre en una operación dialéctica que, cabe decirlo, le atrajo fuertes críticas que nunca eludió confrontar. Al igual que el intelectual Samuel Ramos, Paz analiza los conflictos en la construcción y asunción de la identidad mexicana desde la llamada Conquista española hasta la primera mitad del Siglo 20, temas que perduran en el tiempo y parecen cobrar relevancia en el discurso político actual y en el imaginario colectivo. Tema que, cabe decir, no se agota, y merece un estudio profundo desde distintas disciplinas como la Ciencia Política, las Ciencias Sociales y las Humanidades.

Al referirse a El laberinto de la soledad, Carlos Monsiváis apunta que con esa obra, el premio Nobel de Literatura busca poner al día un país, una sociedad, una sucesión de estados de ánimo. Y esa tesis queda demostrada por el propio Paz cuando afirma: “Somos, por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de los demás hombres”. Este ensayo, dice el cronista, reflexiona sobre las razones y las raíces del nacionalismo, de la identidad del ser nacional, de la psicología social que distingue a un mexicano de un boliviano.

Monsiváis explica que al auge de la “psicología del mexicano” contribuyeron diversos factores, entre ellos las circunstancias políticas de 1930 (la radicalización ideológica); la amenaza del racismo genocida que obliga a tomar muy en cuenta el problema de las razas; el enderezamiento de las conductas erráticas a cargo de la identidad nacional; la acelerada difusión de la tesis de Freud (en especial, la existencia del inconsciente), y la manía latinoamericana de búsqueda del ser nacional.

*Consejera del IEE y periodista

Twitter: @verogonzalezc

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