Malas compañías

Martes 29 de Noviembre del 2016
MARIO ALBERTO SOLÍS ESPINOZA

Una pantomima en el Congreso

LA fiscalización de las cuentas públicas de los gobiernos e instituciones que ejercen recursos públicos es una simulación, un proceso que más bien corresponde al linchamiento mediático y la exposición de pecados compartidos entre políticos, no a un proceso transparente de rendición de cuentas.

Como responsables de ese trabajo, los diputados integrantes del Congreso del Estado han convertido la calificación de esas cuentas en un acto sin utilidad, una pantomima que, cuando mucho, sólo llega a convertirse en un recuento de la corrupción que supuran instituciones de diversos niveles de gobierno.

Lo que debería ser un procedimiento que castigue los actos de corrupción, ahora únicamente vale para negociar impunidad, exponer públicamente al enemigo y, muy de vez en cuando, castigar a un chivo expiatorio, para garantizar la continuidad de un esquema laxo e inoperante.

Un claro ejemplo es la calificación de las cuentas públicas de los organismos operadores de agua. Ayer se realizó la correspondiente al ejercicio 2016, y se impusieron algunas sanciones, cuando los castigos impuestos en 2015, ni siquiera se aplicaron, por la omisión e indolencia de los diputados.

El 28 de noviembre de 2015, el Congreso del Estado calificó la cuenta pública de la Ciapacov y la Capdam, correspondiente al ejercicio 2014. En ese entonces, los legisladores detectaron irregularidades en el uso de los recursos públicos.

Por tal motivo, se propuso inhabilitar por 3 años al director de la Ciapacov, Óscar Valencia Montes, además de aplicarle una sanción económica acumulada por un millón 412 mil pesos.

Sin embargo, esa propuesta de sanción de 2015 nunca surtió efecto, dado que la Comisión de Responsabilidades del propio Congreso del Estado jamás le dio seguimiento. Simplemente, no hicieron su trabajo los diputados, garantizando la impunidad a Óscar Valencia Montes.

El funcionario tenía que ser destituido e inhabilitado luego del procedimiento en la Comisión de Responsabilidades. Pero no pasó nada y el asunto podría haber prescrito, dado que pasó un año desde que se dictaminó la propuesta de sanción.

En el colmo del absurdo, el director de Ciapacov volvió a ser amonestado ayer por el Congreso del Estado, pues cometió irregularidades durante el año que conservó su puesto, gracias a la indolencia de los legisladores, quienes, al parecer, creen que la fiscalización de los recursos públicos es un chiste.

Como ese caso hay muchos, pero lo peor es que seguirán presentándose, incluso en casos tan emblemáticos como el de ex gobernador Mario Anguiano Moreno. No hay ningún funcionario que haya reintegrado dinero que se robó, y el ex mandatario no tiene por qué ser el primero.

Si sujetos tan lerdos e indolentes como los actuales diputados omitieron un proceso tan sencillo, en el caso del director de la Ciapacov, no puede esperarse que tengan los arrestos suficientes para sancionar a Mario Anguiano Moreno y sus funcionarios más cercanos.

Desafortunadamente, es previsible que en el caso del ex gobernador, nuevamente los tribunos colimenses pospongan las resoluciones definitivas, esperando que a la sociedad se le olvide, o bien, aparezca un nuevo villano a quién culpar de todos los males.

 

BREVE HISTORIA PARA CAMILA

Esta semana, en la escuela de la princesa, se rendirá un homenaje a las maestras que se jubilaron en septiembre pasado. Dos de ellas, Gris e Irma, atendieron a Camila en sus primeros 4 años de instrucción pública. Así que es un momento oportuno para agradecerles todo lo que hicieron por mi pequeña. Su esfuerzo cotidiano y cariñoso, permitió a la moconeta escribir y leer sus primeras palabras; aprender los números y las primeras lecciones de historia; entender el mundo que la rodea. Con sus enseñanzas de todos los días, las maestras Irma y Gris otorgaron dignidad al magisterio y comprobaron que la educación pública forma grandes mujeres y hombres. Su entrañable labor permitió que Camila hable de la escuela como un deber y un privilegio que no todos tienen. Por eso, a nombre mío y de su alumna, muchas gracias por todo, maestras.

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