Malas compañías

Martes 18 de Octubre del 2016
MARIO ALBERTO SOLÍS ESPINOZA

Curiosidades de la política

PARADÓJICAMENTE, cuando el Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental (Osafig) actúa con mayor transparencia y trabaja eficazmente para evitar la impunidad de quienes cometen actos de corrupción, se le somete a una campaña de descrédito y se intenta minar su desempeño.

Quizá se trate de una paradoja, una casualidad, o más claramente, un resultado obvio de la actuación de ese organismo, misma que termina por incomodar a un sistema político acostumbrado a la impunidad, a la opacidad y a la negociación, a trasmano de la fiscalización de los recursos públicos.

Nunca en la historia, el órgano fiscalizador había emprendido acciones contra funcionarios corruptos, tampoco hay memoria de la divulgación pública de los resultados de las auditorías practicadas a Poderes, Ayuntamientos y organismos descentralizados.

En un corto tiempo, el Osafig, que encabeza Armando Zamora González, transformó el proceso de fiscalización, que pasó de ser un acto de total oscurantismo y secrecía, a un procedimiento totalmente abierto al ojo público, sujeto al escrutinio no sólo de la clase política, sino de toda la sociedad.

Hasta hace unos meses, resultaba impensable que los ciudadanos pudieran conocer los informes de las cuentas públicas, pero, sobre todo, que el ente fiscalizador iniciara procedimientos penales, como los emprendidos contra el ex gobernador Mario Anguiano Moreno, por el uso irregular de recursos.

Tal vez por eso, atestiguamos una reacción virulenta del PRI y sus diputados en el Congreso del Estado, quienes a contracorriente de la política de honestidad y transparencia que postula el gobierno de Ignacio Peralta Sánchez, pretenden regresar al antiguo esquema de fiscalización.

Primero, los legisladores priistas buscaron endilgarle al auditor superior, Armando Zamora, la previsible impunidad de que gozarán los ex diputados que se otorgaron bonos en la 57ª Legislatura. Pronto quedó acreditada la falsedad de los argumentos.

Luego, acusaron al titular del Osafig de falsear documentos, pues supuestamente no coinciden los informes de auditoría que recibieron en el Congreso del Estado, con los publicados en el portal de transparencia del ente fiscalizador.

Sólo conocemos la versión de la bancada priista en el Congreso local, habría que esperar una respuesta convincente de Armando Zamora respecto a la acusación. De entrada, parece una estrategia burda que busca torpedear la revisión fiscal a ex funcionarios estatales.

Si el Auditor Superior demuestra que otra vez los diputados del PRI mintieron, también acreditará que esa fracción pretende su destitución para garantizar la impunidad de quienes en el pasado reciente cometieron actos de grotesca corrupción.

En un momento coyuntural, ante la inminencia de la presentación del informe de la auditoría excepcional a los últimos 3 años del sexenio de Mario Anguiano Moreno, resulta preocupante que haya sectores de la clase política que le apuestan a desestabilizar al Osafig.

Una hipotética destitución de Armando Zamora significaría un retroceso, un evidente golpe al esfuerzo que realizan muchos actores políticos, para inaugurar una nueva etapa de honestidad y transparencia en el ejercicio del poder y los cargos públicos.

 

BREVE HISTORIA PARA CAMILA

El sábado, la princesa y yo nos dimos una vuelta por una exposición de dinosaurios en el centro de la ciudad. No es la maravilla, pero se trata de una opción aceptable para una ciudad tan carente de atractivos para los menores. El sitio, habilitado como en la era prehistórica, es sencillo, representa un buen esfuerzo del Ayuntamiento de Colima y la empresa particular que ofrece el espectáculo. Tendrían que abrirse más opciones como éstas, los niños son un público ávido de conocer nuevas experiencias. Por cierto, la moconeta se llevó a casa un huevo de plástico con un dinosaurio dentro, con la promesa que el huevo se rompería al crecer su contenido. La infantina se pasó horas vigilando el artefacto, y lo llamó su bebé. A estas alturas, ya perdió el interés, son las cosas de la vida.

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