Ciencia nuestra de cada día

Domingo 18 de Junio del 2017
ALFREDO ARANDA FERNÁNDEZ*

Peace and love

A veces se nos olvida. Puede ser que, en realidad, nunca lo hemos visto así y hasta nos parezca poco intuitivo. Es más, puede ser que pensemos que, en realidad, no tiene nada que ver, y lo interesante es que sí. Me refiero al hecho de que la ciencia básica aporta como generadora, no sólo de herramientas y conocimientos que luego son utilizados por teorías humanistas y de derecho como sustento, sino también de las conductas y métodos de organización y colaboración que conllevan a la paz y al desarrollo.

La ciencia básica consta de dos elementos cruciales que terminan generando ambientes de paz y colaboración entre sujetos de múltiples entornos y contextos sociales. El primero consiste en que es el área de la indagación asociada a las preguntas más fundamentales de los seres humanos. No importa dónde nazcan ni en qué contexto, los seres humanos tienen inquietudes universales. En todos lados hay personas –muchas– que desde la infancia, al ver las estrellas o contemplar el planeta, se preguntan cuestiones como: ¿Qué es el universo? ¿De qué está hecho? ¿Por qué existimos? La ciencia básica es la manera más eficiente y confiable que hemos diseñado para tratar de encontrar respuestas, muchas veces sólo algunas pistas, a ese tipo de cuestionamientos e inquietudes. El segundo elemento está relacionado con el factor económico. Nadie se dedica a la ciencia básica con la finalidad de obtener recursos económicos de manera personal, en el sentido de que ese sea el fin, conseguir dinero, cada vez más. Esto puede parecer una trivialidad, pero es fundamental, ya que, en realidad, es uno de los ingredientes que permite una colaboración efectiva, afectiva y eficiente, en donde lo único que se pretende es participar en la búsqueda de respuestas y entendimiento.

Esta combinación ha permitido que existan instituciones internacionales, en las que individuos de todo el mundo, incluyendo personas de lugares que se encuentran en conflictos bélicos, históricos, religiosos, etcétera, trabajen juntas, de manera armoniosa y productiva, algo que difícilmente sucede en otros contextos. Ejemplos interesantes de este fenómeno son lugares como el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN), el International Centre for Theoretical Physics (ICTP), el Perimenter Institute, el acelerador SESAME, que fue creado explícitamente con la idea de promover paz en Medio Oriente y se encuentra en Jordán, ya que es un país que mantiene relaciones diplomáticas con todos los otros países fundadores: Bahréin, Chipre, Egipto, Irán, Israel, Pakistán, Palestina y Turquía (por cierto, la idea de hacer eso surgió en la cafetería del CERN, donde varias personas de esos países, trabajando juntas dentro del CERN, consideraron que era una buena idea para unir en algo a sus muy divididos países. Luego convencieron a la UNESCO, y ahí está). Otro ejemplo muy interesante es el African Institute for Mathematical Sciences (AIMS), que funge como un instituto panafricano que ofrece oportunidades de estudio avanzado y de excelencia a estudiantes africanos de zonas marginadas. En este instituto, que cuenta con varias cedes en el continente africano, participan personas de las mejores universidades alrededor del globo, compartiendo sus conocimientos, experiencias y apoyo.

Ojalá se dieran las oportunidades para que en algún lugar de nuestro país y/o región se pudiera emprender algo así. Para empezar, sólo se necesita reconocer dos cosas: que la ciencia básica merece toda la confianza como generadora de bienestar social y que, basado en eso, el proyecto debe ser completamente abierto al mundo, con participación de personas de todos lados (cero “nacionalismo” barato). Lo único que se debe pedir es que puedan aportar y lo hagan con calidad. Lo demás, avanza solito.

 

*Coordinador General de Investigación Científica de la Universidad de Colima

 

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