Contraste

Viernes 11 de Agosto del 2017
GLENDA LIBIER MADRIGAL TRUJILLO

Carta a Víctor Manuel

CONSCIENTE estoy de tu afición a la plática desenfadada, a la carcajada fácil, a la crítica divertida. Pero no a la tristeza, ni a la mortificación, ni a la vida complicada. Sin embargo, no puedo evitar sentirme triste por tu partida. Te fuiste dejando pendiente vernos en un desayuno. Al último que te convocamos, tu hermano Chava y yo, no pudiste llegar por cuestiones de trabajo. Revisabas con los editores de PuertAbierta próximas publicaciones.

Diferentes momentos de la vida laboral nos juntaron y poco a poco se fue forjando una preciada amistad, que se hizo más fuerte cuando, un día, logré vencer mi temor y te pedí que revisaras un texto que había escrito y que yo afirmaba que se trataba de una novela. Hazlo cuando tengas tiempo, te dije, a sabiendas de que siempre tenías tus momentos ocupados en escribir o en revisar a otros autores. Con gusto tomaste el legajo de hojas y advertiste que si no te gustaba, lo dejarías a medio leer. ¡Por supuesto que te creí que harías eso!   

Nunca olvidaré la noche que me hablaste por teléfono, dos o tres meses después de que te entregué la presunta novela. Me dijiste que acababas de terminar de leerla y no podías esperar al siguiente día para llamarme. ¡No podía tener un mejor final! ¡Qué bueno que te atreviste! Esas fueron más o menos tus primeras palabras. Nerviosa, porque no sabía a ciencia cierta cuál era tu crítica, apenas te respondía, tú seguías hablando y no te quería interrumpir. ¿Pero la novela qué te pareció?, pregunté por fin. Me gustó, sí, la leí muy rápido. Es buena. A esas alturas yo no sabía si me hablabas en serio o en broma y tuve que salir de la duda. ¿Es en serio?, te pregunté. Sí, Glenda, sí. Empezaste a hablarme de los personajes y de la trama. Sólo hay que hacerle algunas correcciones, como pasa con todas las obras literarias, añadiste.

Sentí tanta emoción que tú, el gran poeta Víctor Manuel Cárdenas me estuviera diciendo esas cosas, que hubo un momento en que creo que dejé de escucharte del otro lado del teléfono. Al final, en un gesto de esa enorme humildad que te caracterizó, me invitaste a desayunar a tu casa, para revisar las partes que habías marcado de la novela y empezar a trabajar en lo que sería su publicación.

Tú me llevaste de la mano hacia otra gran poeta, Guillermina Cuevas, y con los editores de PuertAbierta. Todos, junto contigo, trabajamos en la revisión, corrección y publicación de la novela a la que tú también le pusiste el nombre: Paloma, por algo pasan las cosas. Generosamente, también tú, junto con Guille, aceptaron ser los presentadores del libro. Imposible describir lo que ese enorme gesto tuyo y de ella representó para mí, una periodista con pretensiones literarias.

Hace meses fue entregada una nueva novela a PuertAbierta. Estabas enterado, y sugeriste que la revisión y corrección estuviera a cargo de Guille Cuevas, quien, para mi fortuna, lo aceptó. Esta vez, también ella eligió el nombre (a mí no se me dan los títulos). No te lo dije y no sé si alguien de la editorial te llegó a comentar que esa nueva obra está dedicada a ti, con toda mi admiración, mi agradecimiento y aprecio. Nadie mejor que tú podía estar en ese lugar. Quería darte la sorpresa cuando llegara el momento de la presentación, pero, mira, la sorpresa me la diste tú. Siempre imaginé que ese día, el de la presentación del libro, estarías presente, acompañándome, apoyándome, como decidiste hacerlo en esa faceta literaria cuyas entrañas tú me llevaste a conocer. Pero no será así. ¿Crees que no me siento triste?

En su columna del martes, Armando Martínez escribió: “Ignoro si Víctor tenía conciencia del tamaño de poeta que era (es), y siempre fue el mismo hombre sencillo, accesible, dispuesto a decir algo bueno a quien le confiara sus textos…”. Tampoco yo sé si estabas consciente de eso. A la vez, ignoro si te diste cuenta cómo influiste en una parte importante de mi vida, por la confianza y la seguridad que me diste para incursionar como escritora, pero también por considerarme y tratarme como tu amiga. Mi agradecimiento eterno para ti, Víctor. Descansa en paz.

Protegemos su pago con los métodos más seguros: