Diálogos psicológicos

Domingo 16 de Julio del 2017
RUBÉN GONZÁLEZ CEBALLOS

Y ahora, ¿qué hacemos los padres?

LOS padres y madres queremos hijos saludables, exitosos y, sobre todo, felices. Ese anhelo parece hoy muy difícil de lograr. Tradicionalmente, la familia asumía la responsabilidad de lo que sucedía con los hijos; hoy, eso ha cambiado; la responsabilidad se ha difuminado entre varios actores, lo cual complica las cosas.

Parece que los hijos son más vulnerables al enfrentar la vida, pues los problemas de niños y jóvenes han aumentado considerablemente, tanto en la salud física como mental. Somos primer lugar en obesidad infantil, la hiperactividad y déficit de atención, al igual que la depresión, son cada vez más comunes. El suicidio y la drogadicción crecen alarmantemente en nuestros jóvenes. Se estima que el inicio en el consumo de alcohol y otras drogas es a la edad de 10 años, en sus 2 últimos años de primaria. Es evidente que la manera en que tratamos y educamos a nuestros hijos los hace cada vez más débiles, más fáciles de doblarse ante las demandas y dilemas de la vida actual.  

Ante ello, ¿quién debe corregir, quién debe actuar? Sin duda, muchos; educadores de todos tipos, especialistas, la asistencia social y más, pero indispensablemente la familia y, dentro de ésta, los padres o las figuras que desempeñen esta función. Es esencial en la formación de nuevos seres humanos el vínculo profundo con otros seres humanos, se aprende a ser humano vinculándose con otros.

Quienes son padres, casi de manera natural desarrollan una sensibilidad y sentido de compromiso para entrar a este tipo de vínculos, que son el soporte fundamental del nuevo ser. La esencia de esta relación es que es profunda, fundamental y perdura en el tiempo. En sus primeras etapas, los padres asumen la responsabilidad casi total de la relación, protección, guía, soporte y control. Son, en ese sentido, la fuerza y la certeza, modelan y dan forma a la experiencia humana, con la cual se inicia la construcción de lo que será el edificio del desarrollo y la personalidad de un ser humano. Imaginen lo grandioso de esas primeras sensaciones y experiencias de sentir que otro vendrá y se hará cargo de aliviar tu hambre, dolor y necesidad de contacto, cuando somos un organismo que no se puede valer por sí mismo. Esas experiencias que, a la postre, serán la base de la confianza en los demás y en uno mismo; clave de la autoestima y la salud mental.

Esta función esencial de padres es la que hoy parece muy cuestionada. Se critica que padres y madres no tienen la fuerza y presencia emocional, tampoco la capacidad para establecer límites, responsabilidades, hábitos y disciplinas básicas, que haga a los hijos responsables y capaces. Que actúan exageradamente permisivos, dejando de lado su función de padres y asumiéndose como “amigos”. Además, que son padres distraídos digitalmente; que muchas veces, lejos de impedir, promueven el abuso de la televisión y toda clase de niñeras digitales y tecnológicas, que han perdido la brújula e intentan inflar artificialmente la autoestima de sus hijos, impidiéndoles enfrentar problemas de la vida cotidiana y dilemas propios de la condición humana; en lugar de enseñar a esperar, a tolerar la frustración, el dolor, el fracaso y enfrentar el aburrimiento que dé paso a la real fuerza interna, iniciativa y creatividad, se asumen como los que “salvan”, divierten y entretienen. Padres que, sin saberlo, posiblemente, estarán formando hijos que más tarde requerirán personas que les resuelvan sus dilemas, o drogas que les aminoren su malestar y les den un sentido de valía aunque sea momentáneamente.

Es necesario considerar que la formación sana de los seres humanos requiere vinculaciones profundas con otros. Que la función de padres y madres no debe seguirse devaluando, por el contrario, requiere revalorarse. En todo caso, lo que falta es repensar y replantear cómo podemos ser padres fuertes hoy, sin regresar al padre fuerte y controlador que buscaba la sumisión de los hijos. ¿Un padre firme y amoroso que eduque para la libertad y responsabilidad será posible?

 

*Miembro del Colegio Colimense de Psicólogos A. C.

 

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