Las Cortes de Cádiz (1810-1814)

Domingo 18 de Junio del 2017
CARLOS FERNANDO HERNÁNDEZ BENTO

LA semana pasada, examinábamos la figura de Ramos Arizpe, quien tuvo un destacado papel, tanto en las Cortes de Cádiz como en las del México independiente, lo que le hizo merecedor de que el 29 de junio de 1974, sus restos mortales fueran exhumados y trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres de la Ciudad de México.

Hoy nos vamos a centrar en otra figura no menos interesante que, sin embargo, y por lo que quiera que sea, la hemos buscado sin resultado en las más importantes enciclopedias generales en español que teníamos a mano; como la Salvat, el Larousse-Planeta o la Espasa-Calpe (pese a ser, esta última, la más extensa del mundo y llevar en su nombre “Universal Europeo-Americana”). Sorprendentemente, sí que hemos hallado a Guridi y Alcocer citado en otras obras de menor calado, aunque siempre de manera muy parca con respecto a Ramos Arizpe, cuestión que se podría considerar como injusta.

En cuanto a obras especializadas en biografías, un buen ejemplo lo constituye la Enciclopedia Biográfica Universal. Doce mil grandes, que en su volumen dedicado por completo a los “Grandes de México”, olvida citarlo en un largo listado de mil personajes.

A pesar de estos descuidos, José Miguel Guridi y Alcocer está considerado por algunos especialistas como uno de los pilares del pensamiento político mexicano contemporáneo. Siendo un hombre que destacó, allí donde intervino, por la riqueza de su discurso parlamentario, por su obra legislativa y por ser el artífice del concepto de soberanía su país. Para él, dicha soberanía reside “radicalmente” (es decir, de raíz) en el pueblo, aunque no pueda ejercitarla.

Guridi era un hombre de acción y pensamiento. Fue un magnífico orador, teólogo, escritor (Arte de la lengua latina y Poesía lírica y dramática), político y legislador. En esta última faceta, le corresponde un lugar, junto a otras tres grandes figuras mexicanas de 1824: el propio Miguel Ramos Arizpe, fray Servando Teresa de Mier y Carlos María Bustamante.

Nuestro personaje nació en San Felipe Ixtacuixtla, Tlaxcala, el 26 de diciembre de 1763. Pasó su infancia en su pueblo natal y en el de San Martín de Texmelucan. A los 11 años se trasladó a Puebla e hizo sus primeros estudios en el Seminario Palafoxiano de dicha ciudad. Licenciado y doctor en Teología por la Real y Pontificia Universidad de México (1791), más tarde también obtendría el grado de doctor en Cánones (1802) y el de abogado de la Real Audiencia.

Fue elegido diputado por Tlaxcala para las Cortes de Cádiz, de manera que el 19 de diciembre de 1810 ya se encontraba en España. Allí intervino en varias comisiones: Hacienda, Comercio, así como en una que estuvo dedicada la creación de una Audiencia.

La participación que tuvo en ellas puede calificarse de sobresaliente, por la intensidad y extensión de la misma, dando, asimismo, prueba de dominar vastos conocimientos. Tan buena fue su labor, que incluso llegó a ser presidente de aquellas Cortes.

Guridi formó parte del trío de diputados opuestos a la esclavitud, junto al asturiano Agustín de Argüelles y al aragonés Isidoro de Antillón. Por otra parte, siempre salió en defensa de los derechos de sus coterráneos: “Los americanos, así españoles como indios, y los hijos de ambas clases, tienen igual opción que los españoles europeos para toda clase de empleos y destinos”. Propuso, además, la conveniencia de transformar la organización de aquel Imperio en una gran federación, que diera mayores cotas de autonomía a las provincias americanas. En esto último coincidió en su lucha con Ramos Arizpe (recuerden, el llamado “Padre del Federalismo”).

Al consumarse la Independencia de México en 1821, Guridi y Alcocer jugó un papel relevante en su país, siendo invitado a formar parte de la Junta Provisional Gubernativa. El 28 de septiembre de 1821, firmó el Acta de Independencia; luego fue electo diputado, tanto al primer Congreso Constituyente Mexicano (1822), como al segundo (1823-1824). Además, rubricó también el Acta Constitutiva de los Estados Unidos Mexicanos de 31 de enero de 1824 y la primera Constitución del país, de 4 de octubre de 1824. Murió en Ciudad de México, justo 4 años después, el 4 de octubre de 1828. Fiel a su Tlaxcala natal, siempre se empeñó en que ésta fuera una provincia separada de Puebla y México.

Y hasta aquí, amigos lectores, llegamos de momento con los artículos dedicados a las Cortes de Cádiz. La magnificencia de la Constitución gaditana de 1812, su carácter e influjo universal (europeo-americano) y, sobre todo, el haber sido obra de los hispanos de las dos orillas del Atlántico, eran de obligada elección para alguien que, desde el principio, se marcó como uno de sus nortes, platicarles de cualquier cosa que nos una por encima del mar que nos separa (recuerden los propósitos expuestos en “Aura”, el segundo de mis artículos para Diario de Colima). Créanme si les digo que el asunto da todavía para algún escrito más, pero ya está bien por ahora, ¿no?

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