Historias a la luz

Jueves 20 de Abril del 2017
LUZ MARÍA OCHOA MEZA

Entre Pedro Infante y los políticos

REVISO las noticias más recientes y observo las que se difunden y comentan, unas más que otras, por supuesto. La primera que decido leer es sobre uno de los ídolos más queridos de México: Pedro Infante. Las noticias informan cómo días previos y posteriores al 15 de abril, se conmemoró, con diversas actividades en varias partes del país, su 60o aniversario luctuoso. Sí, 60 años después de su muerte, continúa en el recuerdo y cariño popular.

El sinaloense Pedro Infante sigue recibiendo los títulos de El artista más querido por el pueblo y el de El ídolo inmortal. Y yo no me atrevería a rebatir eso, porque al verlo en alguna de sus emblemáticas películas en blanco y negro o escuchar Amorcito corazón, me embarga una simpatía absoluta por él. Es el invaluable efecto que Pedro Infante nos causa al pueblo mexicano en particular, y latinoamericano en general.

Antes de dejar de ver algunas de las fotos que ilustran las notas sobre el ídolo mexicano, para observar otras noticas, mi hija menor que está a mi lado, me dice: “Está guapo el Pedro Infante”. Sin decir nada, yo sonrío, mientras recuerdo el refrán: “El que calla, otorga”.

Dejo las noticias de Pedro Infante, y está ahí otra de las informaciones que más ocupa la atención de la gente y el espacio de los medios de comunicación: la detención del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, en Guatemala.

Tras permanecer 6 meses prófugo de la justicia, Javier Duarte fue aprehendido por la Procuraduría General de la República, en colaboración con la Policía Nacional Civil guatemalteca, en atención a la solicitud de detención provisional presentada por el gobierno de México. Lo que sigue es la continuidad de la solicitud de extradición y el desahogo de audiencias para resolver el caso bajo los términos de la legislación de Guatemala.

El 25 de octubre del año pasado, Javier Duarte de Ochoa fue expulsado del PRI, tras no acudir a una audiencia a la que se le había convocado. Como sabemos, el político no concluyó su sexenio, pues en los primeros días de octubre solicitó separarse de su cargo como Gobernador de Veracruz. Después, desapareció.

Por eso, su detención reciente en Guatemala fue de gran impacto por todas las lecturas mediáticas y políticas, pero las imágenes de este político que provocaron una sensación como de desfase, entre el hecho y su conducta, fue la amplia sonrisa con la que Javier Duarte se muestra ante su detención y la lente de las cámaras que levantaban testimonio del acontecimiento. Imagen fuera de lugar, disonante, cuando lleva las manos esposadas y sabe que encarará la justicia, pero sonríe.

¿De qué se ríe Javier Duarte? ¿Será de la larga lista de delitos de peculado y corrupción que le imputan? ¿Se ríe ante el terror que significa que durante su gestión en Veracruz fueron asesinados 17 periodistas y otros más que están aún en calidad de desaparecidos? ¿Del dolor e indignación de los familiares de los pacientes que no recibieron los tratamientos médicos adecuados –como quimioterapia– para su curación, porque se afirma que se les engañó dándoles medicina falsa ante el desfalco en el área de Salud de esa entidad?

No sabemos realmente si su sonrisa, como dijeron algunos expertos en psicología, es muestra de un desequilibrio mental como parte de su detención, o se deba a otro motivo. Pero lo que sí sabemos, y queremos estar seguros, es que, ahora, la justicia mexicana tiene una gran oportunidad con Duarte.

Así que después de revisar los acontecimientos ocurridos recientemente en nuestro país, les comparto que mi decisión fue contundente. En los siguientes minutos opté por disfrutar de la película de Pedro Infante que transmitían en televisión, como homenaje y regalo a la gente que lo consideramos uno de los ídolos más queridos, que a pesar de su ausencia física, sigue presente en nuestra memoria.

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