Historias a la luz

Jueves 12 de Enero del 2017
LUZ MARÍA OCHOA MEZA

En este país nuestro

EN este país donde nacimos, tuvimos nuestra infancia, riendo, jugando, llorando, riendo más; donde asistimos a la escuela y aprendimos a leer, a escribir, nos hablaron de la patria y cantamos el Himno en las ceremonias de cada lunes. En este país en el que mientras crecemos, experimentamos logros y fracasos; donde hemos escuchado muchas veces la palabra crisis, mientras pasan diversos sexenios gubernamentales, unos mejores, otros peores; donde, creo, cada vez opinamos más de todo, incluidos temas considerados tabú.

En este país, donde también nos contagiamos por el deseo de ver el nombre de México ganador de una competencia deportiva, y ante la Selección Mexicana los fanáticos del futbol y los que no lo somos tanto, nos emocionamos cuando gana un partido, nos decepcionamos cuando pierde y nos hace sostener la respiración cuando vienen penales –aún se recuerda a aquel mal árbitro que marcó uno en contra de la Selección, del enojo natural pasamos a la virtud de aplicar el humor, quedándonos con la frase: “No era penal”–.

En este país, en el que hemos visto la fuerza de la naturaleza en terremotos y huracanes, y ante la tragedia, ahí, en la población sin privilegios, han surgido mujeres y hombres que hacen actos heroicos.

Estos cuantos momentos que menciono tienen un punto en común: en ellos podemos coincidir, porque están libres de cualquier afiliación a partidos políticos; están aparte de las posiciones sistemáticas y extremistas respecto a un gobierno, tanto las que son a favor como las que son en contra. 

Sabemos que existe un descontento social, que atravesamos por una crisis económica. Observamos incertidumbre en diversos sectores, al sentir que se afectan los bolsillos de las y los mexicanos; pareciera que los gobiernos y representantes populares tomaran decisiones de origen económico, desconectándose de la situación social y política de un pueblo.

Lo que sienta honestamente un pueblo es legítimo y necesario de darle el valor que tiene, para escucharse y atenderse. Expresar la inconformidad es un derecho, y como tal, es importante ejercerlo y cuidarlo, para que no sea manipulado por ningún grupo que aboga sólo por sus intereses. Expresarse como una ciudadanía es hacerlo sin que nada la contamine ni lo desvirtúe, para que no sea presa de quienes aconsejen callarla con el uso de la fuerza del poder, y tampoco de quienes desean canalizarla hacia actos de violencia, porque intentan llevar agua a su molino.

Y en mi opinión, las crisis, consecuencia de la vulnerabilidad que presentamos como país desde hace décadas, continuarán mientras no se mejore de origen el modelo socioeconómico como Nación. Esto se podrá lograr concentrando la capacidad en el bien social, con un esfuerzo honesto, con las faldas y los pantalones bien puestas y puestos, para hacer a un lado las filias y fobias, los odios y simpatías entre partidos, entre gobiernos, entre los que acumulan riquezas perjudicando a los que están en desventaja.

Inicio esta columna mencionando este país nuestro, donde nacimos, donde están nuestras familias, donde recordamos a los seres queridos que han muerto, donde estamos y queremos que crezcan las nuevas generaciones, donde usted y yo tenemos familia o amistades que han tenido que emigrar a Estados Unidos. Es México, donde gobiernos de diferentes partidos políticos inician y concluyen, pero lo que prevalece como principal patrimonio somos la gente.

Y es la población la que requiere un modelo socioeconómico eficiente, que se refleje en su calidad de vida, donde, por mencionar algunos puntos, dejemos de tener como carta de presentación una mano de obra barata. Sabemos que la pobreza, como pueblo, es lo único que a veces puede ofrecer y es importante la promoción de buenas inversiones, pero no debemos endosar la estabilidad económica a la decisión de una empresa de invertir o no. Un modelo en el que, de paso, como muestra de respeto a la sociedad, elimine los excesos de privilegios que tienen senadores y diputados; sabemos que no es la solución económica, pero sí es un paso al esfuerzo por ganarse la credibilidad de la sociedad en la labor de las y los políticos.

En este país nuestro, aún creemos.

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