De ayer y de ahora

Domingo 16 de Julio del 2017
JAIME ROGELIO PORTILLO CEBALLOS

Colima hace 100 años

COLIMA, en la segunda década del Siglo XX, era una población pequeña. Tendría el tamaño tal vez de la actual Comala. Lo que desde su fundación siempre la ha identificado, es que está encuadrada por todos los esplendores de la vegetación tropical y con el majestuoso decorado de sus volcanes coronados de nieve esporádicamente, y sus jardines encantados, donde crece y expande la rica flora de los lugares cálidos. Las esbeltas siluetas de las palmeras dan una original fisonomía a la ciudad, la que se encuentra atravesada por la hermosa corriente de aguas claras del río Colima, punto de atracción y paseo favorito de sus habitantes. Este cauce está bordeado por sauces, por guamúchiles, palmeras, higueras e infinidad de plantas y arbustos que sirven de fieles testigos del suave murmurar de sus aguas, que sólo en temporada de fuertes aguaceros cauce arriba, se transforma en sonidos impetuosos ante la presencia de estruendosas corrientes de gran caudal aunque de corta duración.

La ciudad, aunque pequeña, es capital del estado desde 1857. Tiene, como muchas ciudades fundadas por los españoles, su plaza céntrica y no le falta ni su iglesia, su Palacio de Gobierno, su plaza del mercado, sus baños sobre el río, su plaza de toros, su teatro, su  cárcel y sus bellas casas desde el centro hasta varias manzanas a la redonda. La mayoría de las casas se componen de un patio interior grande, alrededor del cual están construidas las habitaciones; patio en el  que, por lo común, hay multitud de plantas, desde papayos, plátanos, naranjos y tamarindos, hasta especies como el perejil, cilantro, hierbabuena, mejorana o ruda. En el fondo del patio y de la casa queda el corral, donde están los  lavaderos y las caballerizas o el lugar para las “bestias”. El comedor se ubica en el corredor más ancho, ya que el calor impide comer dentro de las piezas.

Las casas, prácticamente no tienen azotea, sino un techo inclinado de teja, y para cubrir las tejas del techo, se pone un cielo raso de lienzo. Abundan insectos de  todo tipo, siendo los mosquitos y los alacranes los más molestos y peligrosos. Se utilizan en los muebles asientos de bejuco para contrarrestar el calor; usándose generalmente mecedores y hamacas, pues sirven también para evitar, con el vaivén del movimiento, las picaduras de los moscos. Esta molesta plaga, hace indispensable los pabellones en las camas.

Todavía en las primeras décadas del Siglo XX, Colima adolecía en variados campos, de deplorables condiciones higiénicas y de salubridad. Estaban presentes la fiebre palúdica, la tifoidea, la tuberculosis. El paludismo reinaba en los campos cultivados de arroz y cerca de los depósitos lacustres y pantanosos. El clima de Colima, aunque alabado por unos, es denigrado por otros, tiene sus lados buenos y malos. Colima goza de un clima tan caluroso como el de Veracruz. Llueve generalmente de junio a septiembre y a veces hasta noviembre, con raras y esporádicas tormentas en enero y febrero, y escasas o nulas de febrero a mayo. Durante la época de lluvias, la temperatura se mantiene como en 27 grados, día y noche, y por las tardes las tormentas estallan con frecuencia, habiendo algunas con truenos y  relámpagos.

En cuanto al carácter, se aprecia lo sociable y hospitalario de  las familias colimenses; ese modo de ser prácticamente costeño, tropical, ligero, informal de la gente de los lugares cálidos, pequeños, muy provincianos. Conglomerados humanos donde casi todos se conocen entre sí, espacios sociales donde se mezclan en diversos ámbitos las clases sociales. Muchos pueden frecuentar sitios similares, aunque de jerarquía social diferente y aunque las “diferencias sociales” son, a veces, muy grandes, pueden coincidir en  la iglesia, el jardín, el juego deportivo, la diversión  popular de los  toros, los bailes, los baños en el río o los paseos a  huertas y ranchos.

Protegemos su pago con los métodos más seguros: