Despacho político

Martes 10 de Octubre del 2017
ARMANDO MARTÍNEZ DE LA ROSA

Los errores del Che

MÁS allá de la leyenda de medio siglo en que se convirtió Ernesto Guevara de la Serna, habría que obtener lecciones positivas de sus errores políticos, estratégicos y militares.

Cumplidos ayer 50 años del asesinato del Che Guevara, el mítico argentino protagonista de la revolución cubana al lado de Fidel y Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y otros a quienes ha borrado la historia escrita por la burocracia castrista.

Hubo un momento en que el Che se convence de que la revolución en la isla debe saltar el cerco nacional. Respalda revoluciones en África y resulta derrotado. Diverge de la visión política de Castro, apegado a una tabla de salvación que tampoco era segura, pero sí la única: la burocracia de la Unión Soviética, que frenaba movimientos en el mundo y traicionaba una revolución naciente tras otra, fiel a la torpeza de un José Stalin ya muerto, pero cuya herencia aún gobernaba la contrarrevolución.

Internacionalista convencido por los hechos y las realidades (Cuba bloqueada por Estados Unidos y Cuba condicionada por la URSS), Guevara concibió una idea política llamada foquismo: a partir de un foco guerrillero de unos cuantos revolucionarios armados, las masas terminarán convencidas de sublevarse. Hasta la fecha, todavía no hay una experiencia triunfante fundada en esa estrategia, ni siquiera la revolución cubana, aunque lo pareciera en una lectura superficial, anecdótica.

Contra la recomendación de Fidel, el Che se enfrascó en la guerrilla boliviana. Acaso para deslindar a Cuba de esa incursión, generoso, Guevara renunció a la nacionalidad cubana adquirida tras el triunfo de la revolución, a los cargos en el gobierno insular y a toda relación con el Partido Comunista Cubano. Era él solo, sin Fidel ni la revolución permanentemente acosada por Estados Unidos hasta la fecha.

En Bolivia, al Che le sucedió como al Quijote cuando intentó liberar a una cuerda de presos: se le volvieron en contra, lo apalearon y lo robaron. A los campesinos que Guevara daba por inminentes seguidores de la guerrilla, les importó un carajo la revolución y hubo quienes lo denunciaron ante el ejército. En una revolución, el estrato menos estable y, por tanto, menos confiable, es el de los campesinos. La propia Revolución Mexicana terminó traicionada y maniatada por personajes de origen rural.

Dejado a la suerte en Bolivia por quienes se supondría clandestinamente solidarios, perseguido por un ejército boliviano comandado en los hechos por la CIA estadounidense, como lo confiesa el ex agente Félix Rodríguez, de origen cubano: él transmitió la orden presidencial boliviana de asesinar al guerrillero capturado.

Comenzó la incursión con medio centenar de guerrilleros y disponía de sólo 17 en el combate previo a su captura. Terminó capturado con cinco. Rodríguez lo interrogó para la CIA. Sostiene que él lo prefería, pero la orden de Bolivia fue asesinarlo, como lo hizo un sargentillo boliviano llamado Mario Terán, quien por cierto exigió quedarse con la pipa de Guevara, como un trofeo. Así de grande era ya la leyenda del Che que hasta sus asesinos lo mitificaban.

Una lección clara, acaso la más importante, de la derrota de Guevara en Bolivia es esta, a mi juicio: sin partido, no hay revolución triunfante. Eso no significa que habiendo partido, toda sublevación necesariamente triunfará, pero sí que sin partido la victoria es imposible.

¿Qué aporta el partido, aparte de dirección política, claridad ideológica y cohesión organizativa? Aporta el puente entre una vanguardia política lúcida y los líderes naturales de las masas, indispensables en la conducción de un movimiento.

Eso le faltaba al Che en Bolivia igual que le faltó en África. Por muy valientes y mejor armados que estén los miembros de una guerrilla, si carecen de conexión con las masas humildes, quedará flotando y a expensas de la metralla de los ejércitos y los paramilitares.

Tal es la razón de que los ejércitos regulares se den a la tarea de romper los nexos entre guerrilleros y pueblo en una zona en rebelión. La experiencia más reciente de esa práctica, en México, ocurrió en Chiapas, con el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Si hoy aún se mantiene el EZLN, se debe a la organización de sus bases, a las que ni los bombardeos de la aviación militar doblegaron en 1994.

El Che fue emblema, leyenda, esperanza de una generación que debió aprender de los errores de Guevara y de Castro, para conducir su propio sueño. No lo hizo. Prefirió embelesarse en el ícono romántico, cuando la política revolucionaria debe ser pura realidad dura, incontestable e inflexible.

 

MAR DE FONDO

 

** Buena parte de los datos anteriores los obtuve del muro en Facebbok de Armando Martínez Orozco, quien a su vez recoge el material periodístico del diario español El País.

 

** “Aprendimos a quererte,/ desde la histórica altura,/ donde el sol de tu bravura/ le puso cerco a la muerte./ Aquí se queda la clara,/ la entrañable transparencia/ de tu querida presencia,/ Comandante Che Guevara./ Tu mano gloriosa y fuerte/ sobre la historia dispara,/ cuando todo Santa Clara/ se despierta para verte./ [Aquí se queda la clara…] Vienes quemando la brisa/ con soles de primavera/ para plantar la bandera/ con la luz de tu sonrisa./ [Aquí se queda la clara…] Tu amor revolucionario/ te conduce a nueva empresa,/ donde espera la firmeza/ de tu brazo libertario./ [Aquí se queda la clara..] Seguiremos adelante/ como junto a ti seguimos/ y con Fidel te decimos:/  ‘¡Hasta siempre Comandante!’ [Aquí se queda la clara…]”. (Carlos Puebla, cubano, 1917-1989. Guajira Hasta siempre, Comandante.)

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