Despacho político

Miercoles 15 de Febrero del 2017
ARMANDO MARTÍNEZ DE LA ROSA

Los presumidos

VARIOS anguianistas presumen la relación de su jefe con un precandidato del PRI a la Presidencia de la República. Se vanaglorian de que serán en Colima su equipo de campaña y que así revivirán políticamente.

Son exageradamente optimistas por dos razones. Una, por creer que su protector será candidato presidencial. Otra, que en el remoto caso de serlo, ganaría las elecciones. Si la primera está en chino mandarín, la segunda está en chino mandarín hablado por un tartamudo agitado.

Cuando se reúnen para lamerse las heridas y luego lanzar baladronadas al aire después de vaciar varias botellas, se aferran –me cuenta alguien que ha estado ahí entre ellos– a la idea de que su favorito ganará la postulación. Están realmente ilusionados, prendidos a la idea salvadora para ellos de que llegará a la campaña, primero, y ganará la elección, después. Bueno, no les queda más; un perdido a todas va.

Les pasa como a aquel político novato que se acercó –hace ya mucho tiempo– al exgobernador de Chiapas, expresidente del CEN del PRI, exsecretario de Agricultura y de Comercio y exdirector de la Conasupo, Jorge de la Vega Domínguez, a decirle que estaba con él en sus aspiraciones presidenciales y que trabajaría con denuedo por ayudarle a ser postulado. El entusiasta aprendiz de político había trabajado con De la Vega en la Conasupo. -A ver, Godínez, ¿por qué habiendo tantos precandidatos, incluso varios con mayor fuerza que yo, usted me respalda?- preguntó De la Vega. Y el aprendiz: -Porque a usted, licenciado, es al único precandidato que conozco-.

Así los anguianistas. Se aferran al único secretario del Gabinete de Peña Nieto con quien su jefe pudo entablar una cierta relación política. Ignoro cómo surgieron los nexos ni cómo un hombre que presume de finura política pudo engancharse con un entonces gobernador corrupto y haragán, incapaz de hacer algo bueno por su estado. Como fuere, Anguiano se aferró al secretario porque no conocía a otros. Y en esas anda.

El secretario, supongo, debe de estar muy necesitado de apoyo para admitirlo de un político desprestigiado, sin fuerza real en Colima –fuerza política, quiero decir– y que carga el peor desprestigio que nunca hubiera tenido un exgobernador.

¿O será que el secretario del Gabinete de Peña Nieto está en el plan de completar hasta con tierrita las monedas políticas que lo lleven a la candidatura presidencial? ¿O fue sólo porque el vaquerito le cayó bien cuando le habló con ese fingido tono de sumisión, como párroco de capilla de pueblo olvidado, y decidió adoptarlo? ¿O de veras los servicios de inteligencia del político federal no le alcanzan para dimensionar a su socio en Colima aunque presuma que tales servicios son los mejores del país?

Bueno, ahora el político del Gabinete peñanietista estará enterado por sus servicios de inteligencia acerca de los desfiguros de su protegido en Colima, la noche del pasado viernes, cuando briago repartió dos o tres saludos y billetes de 100 pesos a quien tuvo la indignidad de aceptarlos.

Y sabrá que la gente tomó en calidad de afrenta y burla la aparición de Mario Anguiano en las calles de la capital de un estado al que dejó en bancarrota, en auge la violencia del crimen organizado y al alza los delitos del orden común, sobre todo los robos.

Si aún así sostiene a Mario y sus cómplices como sus representantes en Colima, se entiende por qué el aspirante a candidato presidencial del PRI ha caído estrepitosamente en las encuestas –derrumbe desde sus propios números, porque tampoco es que haya ido a la cabeza de las preferencias– y ha colaborado a que su partido, el PRI, ande arrastrando la cobija en asuntos de la sucesión.

Y deberá saber, en cualquier momento, que Mario es capaz de saltar a donde le den asilo. Baste acordarse de otro desfiguro callejero en 2006, cuando siendo priistas salieron a la calle, él, Silverio y otros carteristas, a “apoyar” a López Obrador contra Felipe Calderón. “No me defiendas, compadre –debió decirles El Peje–, con esos amigos no necesito PRI ni PAN para desprestigiarme”.

Veremos, entonces, si los anguianistas siguen presumiendo sus nexos con el secretario federal y si éste le ha llamado al jinete para halarle el freno.

 

MAR DE FONDO

 

** “Escuetos, afilados/ dicen el vil secreto, la cobardía,/ el deseo bastardo, emblemas, yugos inmemoriales/ de abyección. Cabelleras, vanas al viento, arrebatadas/ por la corriente de la nieve núbil de un cuerpo,/ fuego de hogueras/ que adorna la claridad. ¿Eres inmortal tú, ahora,/ irrisión de la carne, tú, que tal vez has satisfecho/ a la servil pasión? Sí, mucho necesita el hombre/ para abarcar la extensión de su deseo, y su/ deseo es la nada. El escudo oscuro de la luna,/ el escudo lívido del sol ¿qué astro ocultan?/ ¿Qué olas, qué ignición/ de espacios lejanos? Por los roquedales/ se tambalea esta claridad lúgubre,/ rescate hostil de la carne escarnecida,/ picos, remos de oro sometido, despojos/ de un jirón. Si el gozo, funesto,/ de una más lóbrega sima extrajera la luz y,/ con los ojos cerrados,/ la nostalgia, la carcelera ciega del sentido,/ hiciese del pecho la saeta, el aciago solar! Porque el viento/ no necesita sentir el peso del viento cuando, vivo, tiembla/ en los gallardetes, los pasos del viento de primavera./ Así el hombre. No se dice su nombre: primavera./ Y lo es. ¿Quién dice el nombre? ¿Qué labios -¿son mortales?-/ dicen la noche?/ ¿Qué ojos/ ven la noche? ¿Qué ojos son la noche?”. (Pere Gimferrer, español, 1945-. Fragmento de Agosto.)

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