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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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EN SOLFA

Miércoles 27 de Febrero de 2013
         

Armar el equipo final

Esta columna la escribí antes de la noticia
excelente de la aprehensión de La Maestra.

AL colocar a dos colimenses en delegaciones de suma importancia, uno en Desarrollo Social, y el otro en Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, el gobernador Mario Anguiano muestra su relación y fortaleza con la administración del presidente Enrique Peña, lo cual pudiera ser la señal de tiempos mejores para Colima, después de la sequía política y partidaria que tuvo el régimen estatal actual en sus primeros 3 años.
Con esa demostración clara y contundente, es de esperarse que los nombramientos de las demás representaciones y dependencias federales relevantes en la entidad, de seguro serán de elementos relacionados con el mandatario local o con los funcionarios del primer nivel cercanos al mismo, con lo cual Anguiano Moreno irá armando el grupo político y administrativo que habrá de recorrer el tramo último.
Tiene el gobernador, entonces, la oportunidad inigualable de escoger a los colimenses más capaces y preparados para integrarlos a su gabinete, así como a quienes ocuparán los cargos federales de mayor trascendencia, situación que no se repetía desde el gobierno de Doña Griselda Álvarez y con anterioridad en el mandato de Don Pablo Silva, quienes tuvieron mejor relación y comunicación con las administraciones federales en sus segundas mitades.
Recordemos que los gobernadores de Colima entran con un Presidente y terminan con otro, debido a que son electos a la mitad del sexenio presidencial. Así que durante la hegemonía priista, un mandatario federal los ungía como tales y el otro, por ese motivo, los consideraba como elementos de sus antecesores; el primero los colocaba y los apoyaba, y el segundo los aguantaba, pero los trataba a distancia, como políticos ajenos, incluso como adversarios.
En los casos señalados, guardaron mejores relaciones con los presidentes de la República de sus trienios últimos que con los primeros. Esto es, Don Pablo inició su mandato con Gustavo Díaz Ordaz, a quien apenas conocía, y terminó con Luis Echeverría, que le profesaba afecto y respeto, mientras que Doña Griselda empezó con José López Portillo, por el apoyo de su hermana Margarita, y finalizó con Miguel de la Madrid, ambos con profundas raíces colimenses.
Mario Anguiano comienza su periodo bajo la Presidencia panista de Felipe Calderón y habrá de concluirlo con el priista Enrique Peña, situación que vivió al revés Fernando Moreno, que inicia con el tricolor Ernesto Zedillo y culmina con el albiazul Vicente Fox, y que sufrieron los cuatro gobernadores siguientes: uno interino por escasos 2 meses, Carlos Flores; otro electo por 6 años, Gustavo Vázquez, que gobernó durante un año, un mes y 25 días; uno más, por poco más de 2 meses, Arnoldo Ochoa, y otro electo por 4 años, 5 meses y 25 días, Silverio Cavazos.
Suerte, pues, la que se le presenta a Anguiano Moreno de transitar la parte final de su régimen teniendo a su lado a un correligionario en la Presidencia de la República, Peña Nieto, después de mantener una relación fría y distante con el mandatario panista, Calderón Hinojosa. Y digo suerte, por el trato que le hubieran dado el entonces perredista Andrés Manuel López o la panista Josefina Vázquez de haber resultado electos cualquiera de ellos en los comicios presidenciales del año anterior.
Así que, como mencionaba algunas semanas atrás, el país dio un giro de 360 grados después de 12 años de la alternancia del PAN, tiempo en el que México cambió un poco, no lo que debía y podía modificarse si Vicente Fox o Felipe Calderón hubieran tenido la visión de estadistas, sin embargo, la frivolidad del primero y la tozudez del segundo les impidió transformar el sistema político heredado, echando fuera las prácticas y costumbres, escritas y no escritas, que impiden que nuestro país avance hacia horizontes más claros y justos.
Ahora, con el PRI de vuelta, aquellas posibilidades que tuvieron en sus manos Vicente y Felipe se esfumaron para siempre, y no nos queda sino esperar a que se restaure el viejo imperio tricolor con todo lo que ello representa, en el que las autoridades podrían de nuevo pisotear las leyes y los derechos de los mexicanos si nosotros volvemos a permitírselos. Existe la posibilidad de que sean los propios priistas quienes cambien el sistema que ellos crearon, pero, la verdad, pecaría de ingenuo el que crea que van a perder o menguar el poder conferido en las urnas.
Por lo pronto, la antigua práctica –que se convirtió en costumbre– de los gobernantes de nombrar a los titulares de las delegaciones federales volvió por sus fueros. En la nueva era priista, los dos representantes que fueron designados son cercanos al mandatario estatal, aunque, la verdad, estuvieron más ligados al gobernador-cacique más ladrón y perverso que ha sufrido Colima: Silverio Cavazos. Y aunque podríamos darles el beneficio de la duda en sus nuevos puestos, lo mejor es que los colimenses no los perdamos de vista.
Como sea o vaya a ser, lo cierto es que Mario Anguiano tiene manga ancha para hacer una limpia en su gabinete y acomodar las piezas que quiera en las delegaciones y direcciones federales, para entrar de lleno al tramo final de su mandato sexenal. Si depura a su círculo cercano de funcionarios y acierta en los nombramientos federales, podrá sortear los mil y un problemas que tiene la entidad y que urge resolver lo más pronto posible. La inseguridad pública y la crisis financiera son los puntos torales de la administración anguianista que terminarán por ahogarla si no los soluciona.

 

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