
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

EL UNIVERSAL
Durante su estancia en México, el Papa sufrió una caída y se golpeó la cabeza
EL VATICANO.- En un encuentro para despedirse de sacerdotes y obispos de Roma, el Papa Benedicto XVI dijo ayer que algunas reformas de la Iglesia introducidas por el Concilio Vaticano II en la década de los 60 fueron “malinterpretadas”. El Papa mencionó las diferentes posiciones dentro de la Iglesia en el Concilio y criticó que los medios las presentaran como “una batalla política, de poder”.
Tras agradecer apoyo a los sacerdotes y obispos romanos, les prometió permanecer cerca aunque permanezca “oculto al mundo”, una vez que deje su pontificado el próximo día 28. “Aunque me retire ahora, siempre estaré cerca de todos ustedes en mis plegarias, y ustedes estarán cerca de mí incluso aunque yo permanezca oculto al mundo”, dijo.
En el encuentro, el Papa habló de antiguos debates teológicos más que sobre su próxima partida. En referencia a su participación en el Concilio Vaticano II (1962-65), que introdujo amplias reformas, como la celebración de las misas en la lengua local de cada país en vez de latín, el pontífice dijo que en aquel momento se pensaba que “todo debía ser reformado”. Pero, alertó, una mayor “inteligibilidad” del mensaje de la Iglesia Católica no debe llevar a la banalidad. “¿Quién puede decir que ellos (los fieles) entiendan solamente porque es en su lengua?”, se preguntó.
En 2007, Benedicto XVI autorizó el uso del latín nuevamente en las misas, lo que fue elogiado por los grupos católicos más ortodoxos.
Mientras tanto, el portavoz de El Vaticano, el padre Federico Lombardi, confirmó que el Papa sufrió una caída en León, Guanajuato, durante su viaje a México el año pasado, y se golpeó la cabeza sin ninguna consecuencia. “No puedo desmentir este episodio, puedo afirmar que de todas maneras no fue relevante ni para el viaje, de tal suerte que no influyó en lo más mínimo en la gira que, como todos sabemos, prosiguió sin problemas”, indicó.
El diario La Stampa de Turín publicó ayer la versión de que la decisión de renunciar a su pontificado al parecer la tomó el Papa durante su viaje a México (y Cuba), al sufrir esa caída. Según La Stampa, la mañana del 25 de marzo, cuando se encontraba en León, Guanajuato, al presentarse ante las religiosas capuchinas del colegio Miraflores, donde se hospedaba, éstas vieron que tenía sangre en la cabeza y muy preocupadas le preguntaron qué le había sucedido.
El Papa les explicó que se había caído durante la noche, al ir al baño, por no encender la luz, y que se había golpeado la cabeza con el lavabo. Si bien el cojín de su cama y en la alfombra también estaban manchados de sangre, que las monjas limpiaron inmediatamente, la herida no era ni profunda ni preocupante, la ocultaban los cabellos del Papa. De hecho nadie la notó. Tan es así que poco después el Papa celebró misa en el campo Bicentenario, ante una multitud... la tarde, al volver al colegio Miraflores, la herida le fue curada”, según el diario.
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