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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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Triunfa el hijo del rey, en la Monumental Petatera

Miércoles 13 de Febrero de 2013
         


Petronilo VÁZQUEZ VUELVAS

 



A las 4:48 se abrió la puerta de cuadrillas para dar inicio con el paseíllo de la primera corrida de gala charrotaurina en la historia de las corridas de toros. Adelante, el rejoneador, y atrás de él, a caballo, vestidos elegantemente, con traje y sombrero de charros, los espadas que conformaron un buen cartel para la primera corrida de feria en Villa de Álvarez.
Ante un coso que registró una entrada del 60 por ciento, el primero de la tarde fue para el rejoneador, Jorge Hernández, en su tercera presentación en esta plaza, e hizo la faena a “Villalvarense”, un careto, delantero, de la ganadería de Carranco, al que le faltó fuerza y empuje. Pegó lucidas banderillas en su caballo “Rafaelito”, un palomino Lusitano de bella estampa. El rejoneador cumplió a secas y recibió aplausos.
“Charro”, de la ganadería de Montecristo fue el segundo de la tarde y primero del lote para torero tijuanense Alejandro Amaya, quien estuvo voluntarioso y esforzado, cubriendo bien el tercio de banderillas, atendiendo un par el diestro Octavio García, El Payo, a invitación del matador en turno. La faena no tuvo nada extraordinario, sólo el estoconazo de muerte, hundiendo la espada hasta los gavilanes, recibiendo por ello una oreja, en una decisión que dividió al público.
El siguiente fue “Galante”, de Montecristo, un toro bien puesto, tocó en suerte para el queretano Octavio Ríos, El Payo, luciendo con buenas tandas de naturales, derechazos y manoletinas; desgraciadamente falló a la hora de entrar con el acero, recibiendo solamente aplausos. El toro tuvo el honor del arrastre lento.
El cuarto de la tarde de nombre “Petatero” fue recibido por Diego Silveti, con una exquisita tanda de verónicas rematadas elegantemente por una media verónica de buena factura. En el último tercio hiló una serie de finos derechazos, dejándole la muleta en la cara al toro, alternando con cambiados haciendo pasar al toro por la espalda, el tendido empezó a gritar: ¡Torero, torero! Desafortunadamente, a la hora de entrar a matar pinchó en cuatro ocasiones, perdiendo los trofeos. Recibió aplausos y el toro el arrastre lento.
El quinto de la tarde fue para Alejandro Amaya, de nombre “Calador”, de 470 kilos, haciendo una faena sin pena ni gloria, ante un toro sin fuerza, falto de remos, tal vez una tanda de derechazos que no logró conectar con el público, de nueva cuenta logró un buen estoconazo a la hora de matar; sin embargo, el toro se amorcilló, recibiendo solamente aplausos.
“Fuste” fue el siguiente del lote para El Payo, un negro, meano, rebrincón, a quien le cuajó algunos derechazos de buena confección, recibiendo un levantón que hizo saltar al respetable, afortunadamente, sin consecuencias. Ello encastó a El Payo, quien tuvo algunos desplantes de mucho arrojo, sin embargo, nuevamente falló con el acero pinchando en tres ocasiones.
De 500 kilos y de nombre “Zarzo” fue el último de la tarde, castaño oscuro, bociblanco, de 500 kilos, a quien recibió el biznieto de Juan Silveti con un toreo muy valiente e inspirado. Diego, el hijo del rey David Silveti, aplicó tandas de buenos derechazos y varios molinetes, uno de ellos al estilo viejo, que emocionaron al público. Mató de media estocada que fue suficiente para hacer rodar al originario de Hueyotlipan. Recibió dos orejas saliendo en hombros.
El juez, Alfredo Huicochea, cumplió, aunque no debió ordenar arrastre lento en dos de los toros, quienes dejaron que desear en términos de fuerza y empuje.
Jorge Hernández: aplausos.
Alejandro Amaya: oreja y aplausos.
Octavio García, El Payo: aplausos y aplausos.
Diego Silveti: aplausos y dos orejas.


 

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