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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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Varios en escuela de Connecticut fueron héroes

Lunes 17 de Diciembre de 2012
         


EL UNIVERSAL

 



NEWTOWN, E.U.- En medio de la tragedia que viven las familias que perdieron a sus pequeños hijos, hermanos o madres durante la matanza del viernes en una primaria de Connecticut, se escuchan ahora los relatos sobre varios héroes, como varios empleados de la escuela Sandy Hook que lograron evitar que la carnicería fuese peor mediante acciones abnegadas, rápidas e ingeniosas.
Algunos de ellos dieron la vida en su sacrificio. Hubo un empleado que usó el sistema de intercomunicación para alertar a otros en la escuela que algo malo sucedía. Un guardián arriesgó la vida al correr por los corredores advirtiendo del peligro. Una asistente ocultó a 18 niños gateando por un depósito y luego les dio papel y crayones para que se mantuvieran tranquilos y callados.
Mientras la comunidad está abrumada por el dolor, la superintendente del distrito escolar, Janet Robinson, destacó "las increíbles acciones de heroísmo" que "al final les salvaron la vida a muchos".
Después que el atacante Adam Lanza irrumpió por la puerta y comenzó a disparar, la psicóloga de la escuela Mary Sherlach y la directora Dawn Hochsprung corrieron hacia él, dijo Robinson. Hochsprung murió tratando de embestir al pistolero, dijeron las autoridades.
Victoria Soto, una maestra de 27 años, al parecer ocultó a algunos de sus alumnos en un baño o en un closet y murió tratando de protegerlos de las balas, dijo un primo de la joven, Jim Wiltsie, a la cadena ABC News.
El maestro Theodore Varga dijo que cuando las balas comenzaron a retumbar, un guardián corrió por toda la escuela avisando que se pusieran a salvo. Al parecer, el hombre sobrevivió. Todo el personal que murió eran mujeres.
En un salón, la maestra Kaitlin Roig parapetó a sus 15 estudiantes en un baño pequeño, trancó la puerta con un estante de libros y puso el seguro. Les recomendó a los niños que se mantuvieran en silencio.
Una asistente, Maryann Jacob, trabajaba en la biblioteca con 18 alumnos de cuarto grado cuando comenzaron los disparos. Llevó a los niños a un salón en la biblioteca, pero después se dio cuenta que la puerta no tenía seguro. Los hizo ocultarse a lo largo del salón en un espacio para almacenar cosas, cerró la puerta con seguro y la afianzó con un estante de archivos.

 

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