
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

Armando MARTÍNEZ OROZCO
Es una enorme cantidad de colimenses la que festeja el docenario de la Virgen de Guadalupe, demostración de amor y fe. La devoción por la Guadalupana se manifiesta en el docenario que la grey católica le dedica en una fiesta religiosa popular como ninguna otra.
Varios de los entrevistados por Diario de Colima confían en que la devoción y la fe por la Virgen de Guadalupe ayuden a disminuir los índices de violencia y carestía económica que padece todo el país. Todos los creyentes sostienen una fe que se manifiesta en estas fechas.
Sin excepción, todos creen en que es necesario celebrar que la Virgen de Guadalupe se le apareció a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en el año de 1531.
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Que una enorme cantidad de colimenses festejen el docenario de la Virgen de Guadalupe, junto con el obispado de la diócesis, es una demostración de la capacidad de amor y fe que tiene cada persona, opinaron 10 entrevistados afuera de la iglesia Catedral, en el centro de la ciudad.
Todos consideran necesario celebrar que la Virgen de Guadalupe se le apareció a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en el año de 1531.
Varios de los entrevistados por Diario de Colima confían en que la devoción y la fe por la Virgen de Guadalupe ayuden a disminuir los índices de violencia y carestía económica que padece el país.
He aquí, entonces, sus respuestas:
Amalia Godoy Martínez, ama de casa, opinó que la celebración del docenario guadalupano es un acto muy valioso que le entrega a la Virgen de Guadalupe. Ya que, además, este festejo es hermoso no sólo para Colima, sino para toda la Nación. “La Virgen de Guadalupe llegó para ponernos en paz, por toda la violencia que existe en el mundo, y para ayudarnos y cuidarnos a todos”, señaló.
Leonel Carrillo Celis, trabajador en una embotelladora de refrescos, mencionó que ser parte del docenario guadalupano es una forma de reavivar su fe católica. “Confío y creo mucho en la Virgen de Guadalupe; además, pienso que ella es la madre de todos los mexicanos”, puntualizó.
Verónica Medina Ríos, ama de casa, destacó que, además de la tradición histórica que lleva en sí el docenario guadalupano, este evento es una gran oportunidad para demostrar la devoción que se le tiene a la Virgen. “Es una enorme fe la que le tengo yo desde chica. Y con mis niños sigo esta costumbre”, informó.
Sarahí Palomino Barreda, técnica en comunicación, asiste a las misas de Catedral del docenario guadalupano porque hizo una promesa a la Virgen y está obligada a cumplirla. “Este fervor ayuda a los colimenses a unirse. Creo en la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Ella es muy poderosa; a mí me ha cumplido todo lo que yo he pedido”, aclaró.
Araceli de la Cruz Arreola González, maestra jubilada, declaró que para ella como mujer católica el docenario guadalupano es un acontecimiento especial, ya que participa en una tradición que los mexicanos llevamos en la sangre. “No podemos prescindir de ella y sobre todo en estos tiempos que estamos un poco más necesitados”. Y reiteró que no le gustaría que las futuras generaciones se olvidaran de esta celebración. “Porque no nada más participamos nosotros, también lo hace la gente de fuera, los que nos visitan. Hay a quienes claramente se les ve que no son de aquí y sin embargo nos acompañan a nuestra fe”.
Elba Serrano, ama de casa, subrayó que el docenario guadalupano se enrique de la devoción a la Virgen por parte de los colimenses y con esto, aseguró, crece el respeto y el amor a los demás. Y explicó su fe como una actividad sensorial: “Yo sí creo en ella, porque lo siento y los milagros se dan. Por medio de ella su Hijo nos concede lo que le pedimos”.
María Guadalupe Morales Salazar, ama de casa, calificó al docenario con el adjetivo “maravilloso” y recordó que este evento une a los mexicanos y colimenses por una misma fe.
Emma Livier Zavalza, comerciante, observó positivo el hecho de que la iglesia Catedral haya sido tan concurrida en estas fechas, pues eso le parece “muy bonito”. “Creo mucho en la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Pienso que los colimenses deben unirse un poco más con esta fe”, argumentó.
A Coti Chávez, ama de casa, también le gustaría que no se perdieran tradiciones y costumbres como ésta, ya que le parecen muy “bonitas”. Y dijo que si no se pierden este tipo de festejos, habrá más tranquilidad entre los ciudadanos de México, y con énfasis, reiteró que “lo bonito es la tradición y la fe”.
Guillermo Brizuela Delgado, empleado, manifestó que el docenario guadalupano es una tradición con un hondo arraigo, la cual es importante para la Iglesia Católica en México, y agregó que estas fechas ayudan a que los colimenses se unan para concluir un fin pacífico. “Muchas familias son las que vienen y parece que es una tradición que nunca se va a acabar. No nada más creo en la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, sino en otras apariciones que se han dado en todo el mundo. Cada día se dan bastantes milagros”, concluyó.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la Guadalupana logra garantizar a los criollos la autonomía espiritual de la Nueva España.
En 1754, el Papa Benedicto XIV confirma a la Virgen de Guadalupe como Patrona de toda la Nueva España.
El cura Hidalgo convierte a la Virgen de Guadalupe en la imagen que guía la Independencia y la confronta a la Virgen de los Remedios, de los españoles. La Guadalupana fue un referente constante para los insurgentes. Todos los soldados de Morelos portaban una medalla de la Virgen. José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix cambió su nombre por el de Guadalupe Victoria, primer presidente de México, reconociendo la protección de la Virgen en un triunfo militar.
Liberalismo y religión, política y devoción se articulaban en el movimiento de Independencia de México, tanto en las tropas insurgentes como en las realistas. Y la tensión entre proyectos divergentes, el de una República liberal no confesional y el de un monarquismo o republicanismo católico se encontraba ya latente y habría de permear todo el siglo XIX, para volver a aparecer en los años recientes.
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