
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007
EL UNIVERSAL
Decenas de miles de personas regresaron a la plaza Tahrir para exigir al presidente de Egipto suspender el último decreto, el cual permite que la Asamblea y la Cámara Alta sean indisolubles
EL CAIRO, Egipto.- El espíritu revolucionario se adueñó ayer de la plaza cairota de Tahrir para exigir que el presidente egipcio, Mohamed Mursi, dé marcha atrás en sus últimas decisiones y reivindicar que los islamistas no dominen todos los resortes del poder.
Decenas de miles de personas corearon con una sola voz que "la revolución continúa" y que "el pueblo quiere la caída del régimen", en un nuevo paso en sus demandas contra lo que consideran la "dictadura" de Mursi y de los Hermanos Musulmanes, el grupo al que perteneció el mandatario hasta que asumió la Presidencia.
"Mursi es mucho más peligroso que (el ex presidente Hosni) Mubarak. Sólo piensa en los Hermanos Musulmanes, que buscan controlar todo", dijo Ihab Yusef, empleado en un banco.
Para Yusef, el presidente quiere "acumular todos los poderes" con el acta constitucional emitida el pasado jueves, que blinda sus decisiones ante la Justicia al declararlas inapelables y definitivas hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución.
Este sentimiento era mayoritario en Tahrir, en cuyo centro plagado de tiendas de campaña desde hace 4 días, destaca una pancarta que reza "Egipto para todos los egipcios".
Los presentes en Tahrir criticaron no sólo la citada declaración constitucional, que ha sido la gota que ha colmado el vaso de su paciencia, sino el dominio de las fuerzas islamistas en la asamblea que redacta la nueva Carta Magna.
El manifestante Gamal Aburinad explicó junto a una de las tiendas levantadas en la plaza que es necesario cambiar la Asamblea Constituyente, de la que se han retirado las fuerzas liberales.
"Los Hermanos Musulmanes han monopolizado el poder en esta comisión y en todas las instituciones de Egipto", denunció Aburinad, que pretende seguir en Tahrir hasta que se cumplan sus demandas.
Entre las medidas adoptadas por Mursi el pasado jueves, figura que la actual Asamblea Constituyente y la Cámara alta del Parlamento sean indisolubles.
Pese a los temores al predominio de los islamistas, los presentes ayer en Tahrir, simpatizantes de las fuerzas liberales, se mostraron felices al ver que su pulso contra Mursi y la cofradía estaba teniendo éxito.
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