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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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Crece escándalo Petraeusgate

Miércoles 14 de Noviembre de 2012
         


EL UNIVERSAL

 

Pega a general John Allen, comandante en jefe de las tropas de Estados Unidos en Afganistán

WASHINGTON, E.U.- En un giro sorprendente, el ya conocido escándalo del Petraeusgate alcanzó ayer al general John Allen, el comandante en jefe de las tropas de Estados Unidos en Afganistán y responsable de un complicado repliegue de tropas que deberá concluir en 2014 para poner fin a la guerra más larga en los anales de la historia estadounidense.
Según trascendió, el general Allen ha entrado en la escena de un complicado triángulo amoroso que involucra al general David Petraeus, a su biógrafa y amante, Paula Broadwell, y a Jill Kelley, una mujer casada de Tampa, Florida.
Según la información que el secretario de Defensa, Leon Panetta, se ha encargado de transmitir con urgencia precipitada al presidente Barack Obama, la unidad de contrainteligencia del FBI puso sobre aviso al Pentágono sobre la existencia de entre 20 mil y 30 mil correos electrónicos entre el general Allen y Jill Kelley, algunos de ellos de naturaleza “inapropiada”. El severo código de conducta en las fuerzas armadas considera un delito el adulterio, por lo que el general Allen podría ser sujeto de un proceso criminal, confirmó el Pentágono, organismo que se ha hecho cargo de las pesquisas, para conocer el alcance y la naturaleza de la relación entre Allen y Kelley.
Entretanto, el secretario de Defensa solicitó al presidente Obama suspender indefinidamente el proceso de confirmación de Allen como comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa y como comandante supremo de las fuerzas aliadas en la OTAN.
Desde el Pentágono, un nutrido grupo de oficiales y generales protagonizaban ayer un cierre de filas para defender al general Allen y asegurar que el general responsable de las tropas de E.U. en Afganistán “nunca tuvo una aventura” con Jill Kelley, una mujer de 37 años que trabajaba como voluntaria en la base militar de Tampa, Florida.
Apenas el pasado 10 de octubre, el presidente Obama puso a consideración del Congreso la designación del general Allen como el comandante de las tropas de E.U. en Europa y como máximo responsable militar en la OTAN.
La carrera de Allen se vio, sin embargo, empañada por este incidente que podría sepultar su carrera militar y su futuro político, en medio de un escándalo de sexo, celos y despecho que lo podría convertir en una víctima colateral si se confirma su relación adúltera con Jill Kelley.
Mientras tanto, desde la Casa Blanca, su portavoz Jay Carney, ofrecía ayer el beneficio de la duda al general Allen y pedía a los medios no adelantar acontecimientos.
“El presidente sigue teniendo confianza en el general Allen y considera que ha hecho un excelente trabajo en Afganistán”, dijo el vocero Carney al reconocer, sin embargo, que el presidente Obama se ha visto “sorprendido” por el comportamiento que ha obligado al general David Petraeus a renunciar como jefe de la CIA.
Por si no fuera poco, ayer también trascendió que el agente del FBI encargado de solicitar la apertura de la investigación para descubrir quién estaba detrás de los correos amenazantes que recibió Jill Kelley de Paula Broadwell, tiene una estrecha amistad con la denunciante.
Según informó el diario The Wall Street Journal, el agente del FBI llegó a compartir con Jill Kelley fotos de su torso desnudo, según se desprende de unas investigaciones que siguen arrojando detalles sorprendentes. Además, el agente del FBI, cuyo nombre permanece por el momento en el anonimato, tomó la iniciativa de contactar al congresista republicano, Eric Cantor, para informarle sobre los entretelones del escándalo con la aparente esperanza de incidir en el proceso electoral.
Al final, Cantor se limitó a informar de sus contactos con el agente del FBI al director de esa misma institución, el abogado Robert Mueller.
El escándalo, que se extendía para incorporar los nombres de nuevos protagonistas con detalles tan sorprendentes como escabrosos, ha conseguido eclipsar los trabajos de la audiencia a puerta cerrada prevista para esta misma semana en el Congreso para revisar los trágicos incidentes que acabaron con la vida del embajador de E.U. en Libia, Chris Stevens, en septiembre pasado.
Precisamente, la presidenta del comité de inteligencia en el Senado, la demócrata Dianne Feinstein, se mostraba esperanzada en que, a pesar del escándalo que ha obligado al general Petraeus a renunciar, el hoy ex director de la CIA todavía pueda comparecer ante la audiencia prevista para esta semana.

 

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