
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007
EL UNIVERSAL
LONDRES, Inglaterra.- El 8 de noviembre de 1847, Irlanda vio nacer a Bram Stoker, el escritor que fue parteaguas el vampirismo, uno de los mitos más grandes del mundo.
Las matemáticas, la ciencia y el atletismo ocupaban su vida antes de escribir sus primeros relatos de terror, como La copa de cristal de 1872.
Drácula de 1897 es la creación literaria más reconocida de Stoker, la cual marcó los matices históricos del vampirismo, tanto en el ámbito literario como cinematográfico. Gracias a ello, la obra es una pieza literaria que trasciende a través de los años.
La historia ficticia, según el propio escritor, fue inspirada en el personaje de Vlad Draculea (Hijo del dragón), también llamado Vlad Tepes el empalador.
La obra fue catalogada por Óscar Wilde “como la mejor obra de terror escrita de todos los tiempos y también la novela más hermosa jamás escrita”.
Desde la aparición en la pantalla grande de la cinta alemana, Nosferatu en 1922 y una década después con Drácula de 1931 interpretada por el actor Béla Lugosi, el mito de Bram Stoker catapultó la manera de ver a los no muertos.
Cientos de filmes, obras de teatro y series de televisión se han creado en su honor.
DRÁCULA Y EL
CINE MEXICANO
La influencia de la exitosa obra Drácula llegó a México de la mano de cineastas como Fernando Méndez y actores como Germán Robles, quien protagonizó los filmes El Vampiro en 1957 y El ataúd del Vampiro en 1958.
En entrevista, José Antonio Valdés Peña, jefe de información e investigador de la Cineteca Nacional, destacó que la figura del vampiro es uno de los mitos más perdurables de la literatura fantástica, “por lo que la influencia de la obra cumbre de Stoker en el cine mexicano queda sustentada con el trabajo de Fernando Méndez”.
En este sentido, abundó, Méndez retoma lo realizado en Estados Unidos por el actor Béla Lugosi en su personificación de Drácula tanto en teatro como en cine, “la virtud de Méndez fue recrear esa atmósfera de terror que rodea la historia gracias a la colaboración del escenógrafo Gunther Gerzso, el fotógrafo Víctor Herrera y el actor Germán Robles”.
Fue así como Germán Robles quedó encasillado como un aristócrata vampiro y por ello recibió numerosas ofertas para interpretar personajes vampíricos, entre ellas El castillo de los monstruos de 1957, de Julián Soler.
Ese fue el inicio de una larga lista de versiones fílmicas ligadas a la obra de Bram Stoker, entre ellas, destacan El mundo de los vampiros de 1960, de Alfonso Corona Blake, cuyo papel protagónico recayó en el argentino Guillermo Murray.
La larga lista continuó con las películas La cámara del terror de 1968, de Juan Ibáñez; El imperio de Drácula de 1967, de Federico Curiel; Chanoc contra el tigre y el vampiro de 1971 y Capulina contra los vampiros de 1972, de René Cardona.
Así como Los vampiros de Coyoacán de 1973, de Arturo Martínez; Santo en el tesoro de Drácula, de René Cardona; Cronos de 1993, de Guillermo del Toro; From dusk till dawn de 1996 de Robert Rodríguez, e Hijos de la noche de 1997, de Marcos Villaseñor.
De acuerdo con Valdés Peña para interpretar dignamente a un vampiro se debe tener presencia, “porque el vampiro es un personaje que se mueve entre el terreno del terror pero también de lo erótico, y creo que en estos dos elementos recae las magistrales personificaciones de Béla Lugosi y Gary Oldman, por ejemplo”.
Una de las más celebradas versiones de Drácula fue la realizada por el director, productor y guionista estadunidense Francis Ford Coppola, quien en su filme de 1992 convirtió la lucha del bien contra el mal en una historia de amor.
Drácula es una fascinante historia que ha seducido a los mejores directores y guionistas de todos los tiempos, desde F. W. Murnau hasta Werner Herzog, pasando por Andy Warhol, Francis Ford Coppola, Roman Polanski y Neil Jordan.
Han sido tan famosos sus intérpretes, Bela Lugosi, Christopher Lee, Peter Cushing y Anthony Hopkins; hasta Christian Slater en Entrevista con el vampiro, Gerard Butler en Drácula de 2000, hasta Robert Pattinson en la saga Crepúsculo.
Károly Lajthay fue el primero en llevar el personaje de Drácula al cine. De la película muda La muerte de Drácula, estrenada en 1921 y de la cual sólo se conservan dos fotogramas.
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