
AÑO 58 | Nº EDICIÓN
NICOLÁS CONTRERAS CORTÉS
Voto en conciencia: la dignidad no tiene precio
SÓLO quienes se hayan enfrentado al “sistema” saben con certeza lo que eso significa. El “sistema” de cualquier color, ya sea azul, amarillo, verde y rojo. Depende del partido al que pertenezca el régimen respectivo.
Aquí, en Colima, en noviembre de 2009, ante el comportamiento deleznable del exgobernador de triste memoria, comencé a ejercer desde el Congreso una crítica responsable y demoledora en contra de su gobierno y de las nefastas consecuencias que produjo. La jauría de incondicionales y favorecidos se me vino encima.
Con el nuevo gobierno de Mario Anguiano, que le debe su triunfo y supervivencia al silveriato y del que miles de colimenses teníamos fundadas esperanzas de un cambio de rumbo de 180 grados, intenté platicar, apoyar, colaborar, en el entendido de que habría un deslinde absoluto con la actuación del grupo iguanero. Sólo una vez, Mario me recibió en Casa de Gobierno, el 15 de diciembre de 2009, apurado por su salida al informe del rector, únicamente… ¡para regañarme por la actitud asumida de ser un diputado verdaderamente representante del pueblo! Me aseguró que los hechos demostrarían que yo estaba equivocado y tendría que reconocerlo así públicamente. Le respondí que si el que estuviera equivocado fuera él, ¿también lo reconocería públicamente? Mi confianza en su persona, me impulsó a darle el beneficio de la duda en los meses siguientes. Ya no volvimos a reunirnos. Ni él me habló, ni yo lo busqué. A 29 meses de ese día, he corroborado que el equivocado ha sido el gobernador.
La manera desafortunada cómo se ha entregado a los vicegobernadores, quienes son los que realmente mandan. Su tibia actitud para ocupar espacios y llenar vacíos políticos, ejerciendo a plenitud el poder. Su criticable comportamiento personal y privado, que es del total conocimiento de la opinión pública. Sus frecuentes desapariciones del escenario político. Su apanicamiento progresivo ante los problemas de todo tipo que surgen cotidianamente en la tarea de gobierno. Su política inepta para dar resultados verdaderamente eficaces en materia de seguridad pública, fomento de la inversión, incremento del empleo y programa productivo de obras y servicios públicos de bienestar popular. Su inadecuada promoción del desarrollo integral de la entidad, han demostrado que a Mario le quedó grande el cargo. Los colimenses ya lo corroboramos. Y así lo expresamos en los corrillos y tertulias sociales, en voz baja, claro, por aquello de que no sabemos a ciencia cierta de qué confianza son nuestros interlocutores.
El “sistema”, pues, concurre en estos meses a someterse a la prueba del escrutinio público, que habrá de expresarse ineluctablemente el domingo 1 de julio. Pero no lo hace en términos equitativos electorales, con honestidad y e imparcialidad, como debiera corresponder a los principios que rigen la contienda y regulan las normas. Entiendo y acepto que no todos los partidos tienen la misma fuerza electoral. No. Lo hace el “sistema” avasallando, presionando a las personas valiéndose de la dádiva, del favor generado, de la intriga; utilizando todos los recursos a la mano, legales y clandestinos, confiado en que, con los hilos que tiene del poder (el control del IEEC y del Tribunal Electoral, de los mecanismos de seguridad pública, de la justicia y de un largo etcétera), nadie logrará evidenciarlo y llevarlo a los tribunales. Sólo un suicida, un loco, se atrevería a cuestionarlo. ¿Las pruebas? ¿En dónde están las pruebas?
Un solo ejemplo, apreciables lectores. Quienes controlan el “sistema” se valen de la nobleza de miles de empleados públicos, trabajadores de la educación y burócratas, principalmente, que saben que si no “jalan con el sistema”, los actos de represalia son inminentes en contra de ellos y de sus familiares. Así, un pléyade de mujeres y varones, “regalando” tiempo de su descanso, anteceden a los candidatos oficiales en sus actos de campaña, algunos, en brigadas comunitarias de asistencia social, para ofrecer consultas médicas, dentales, cortes de pelo, manualidades; otros, en labores de logística colocando publicidad, levantando templetes, cargando sillas, preparando el equipo de sonido u ofreciendo cachuchas, camisetas, llaveros; otros más, participando en espectáculos artísticos y musicales, para amenizar y entretener; mujeres diligentes que ofrecen tatemado, pozole, agua fresca a los asistentes; grupos que organizan rifas para regalar artículos electrodomésticos; brigadas comunitarias con chalecos anaranjados y azules que llegan a una colonia a realizar “desinteresadamente” labores de limpieza, desmonte, barrido, cambio de imagen; abundante publicidad pagada en periódicos, en radio, en televisión, en pendones, en espectaculares (muchos de quienes leen esta columna, pueden estar en esa posición incómoda a la que me refiero).
Otros más, que entregan a sus compañeros de gremio listas con requerimientos que disfrazan intenciones malsanas. Un amigo me hizo llegar una de ellas, que tengo en mi poder.
Estos listados han sido entregados a empleados del gobierno del estado, de los ayuntamientos y a trabajadores de la educación (de ambas Secciones: VI y 39), por medio de los delegados sindicales, con la instrucción precisa de los líderes de requisarlos y entregarlos a la brevedad posible. Datos que esperan ser utilizados para algo, no creo que para ser incluidos en la oración nocturna o en el rosario cotidiano, ¿verdad?
Así se las gasta el “sistema”, el inefable “sistema”. Entiendo perfectamente ese mecanismo. Las nobles personas son utilizadas así, con la amenaza velada de que si no colaboran con el “sistema”, su interinato o contrato no serán refrendados, la plaza de sus hijos o esposo no serán basificadas, el incremento que solicitaron no llegará a tiempo o el cambio en la denominación de su plaza quedará atorado, hazlo por mí ahora y yo lo haré por ti mañana, cuando lo necesites.
Las gentes, los colimenses de a pie, tienen DIGNIDAD, así, con mayúsculas. Tienen, como decimos coloquialmente, “su corazoncito”. Saben bien cuándo se les utiliza para fines perversos. Sabe callarse porque tienen necesidades, no son tontos: ellos y sus familias necesitan de recursos para subsistir. Y valoran el silencio como condición de supervivencia.
Pero también saben muy bien los ciudadanos colimenses el poder que tienen en sus manos en el momento de cruzar las boletas electorales, en la soledad y seguridad, afortunadamente, de la mampara, el domingo 1 de julio, en cada una de las casillas. En ese momento, cruzarán el logo que verdadera, auténticamente responda a sus preferencia y simpatías o antipatías; votarán por el candidato que realmente prefieran, así les hayan querido lavar el coco los partidos y los eternos prometedores del paraíso. Ahí, en la soledad y discreción de la casilla, ejercerán a plenitud el poder ciudadano que cada uno tiene en sus manos. Solos ante su conciencia. Nadie verá ni sabrá por quiénes votarán. No cabe duda que la dignidad no tiene precio. Contra de ella, ningún demagogo podrá arremeter, así les prometan el sol y las estrellas. ¿No lo creen así, estimados lectores?
Mi correo electrónico es nicocontrerascortes@hotmail.com y me daría mucho gusto que usted se comprometa conmigo al enviarme sus comentarios.
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