
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007
GLENDA LIBIER MADRIGAL TRUJILLO
Los yerros del PAN
AÚN antes del descalabro electoral del 1 de julio, el Partido Acción Nacional se ha venido desenvolviendo en un ambiente adverso en lo interno y en lo externo. Sus principales liderazgos a nivel nacional navegan en la incongruencia y a la fecha no han atinado a hacer siquiera un pronunciamiento claro y contundente respecto de lo que ha sido el proceso electoral todavía inconcluso.
A los cambios políticos y claramente negociados de Vicente Fox con el PRI, se sumó la nada honrosa despedida de Josefina Vázquez Mota de la contienda electoral, cuando se dio por derrotada apenas unos momentos después de que empezó a funcionar el conteo de resultados preliminares, y que prácticamente se juntó con el reconocimiento de Felipe Calderón al triunfo electoral –según datos oficiales del IFE– de Enrique Peña Nieto.
Luego de la serie de presuntas irregularidades que denunció el Movimiento Progresista respecto a la elección presidencial, Josefina sólo comentó que había existido inequidad y exceso en los gastos de campaña del candidato priista, y desapareció de la escena pública. Felipe Calderón sostuvo que todas las denuncias tenían que ser investigadas y resueltas porque la elección no se trata de sólo contar los votos. Y el líder nacional del PAN, Gustavo Madero, citó prácticamente las mismas irregularidades a que hace referencia la izquierda que pide anular la elección, pero no fue más allá de la denuncia pública.
Pese a los dichos de Calderón sobre presuntas irregularidades en esta elección presidencial, el martes por la noche recibió a Enrique Peña Nieto en Los Pinos como “candidato ganador”. Un hecho que en el fondo habla mucho de los dos involucrados: por una parte, un candidato que asume una representación que legalmente no tiene, y por otra, un gobernante que en los hechos no demuestra respeto alguno por las instituciones, porque el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación aún no declara la validez de la elección.
El miércoles, día en que se anunció que Gustavo Madero daría una conferencia de prensa conjunta con el líder perredista Jesús Zambrano, la secretaria general del CEN del PAN, Cecilia Romero, salió a respaldar lo hecho por Calderón al recibir a Peña Nieto, asegurando que el priista asumirá la Presidencia de México el 1 de diciembre. Ayer, los dirigentes nacionales del PAN y del PRD anunciaron que harán una denuncia conjunta ante la Procuraduría General de la República en contra de Peña Nieto, por lo que llamaron manejo ilegal de recursos y presunto lavado de dinero en la campaña del priista.
Si el Partido Acción Nacional está asumiendo hacia el exterior posturas tan discordantes en relación al asunto más importante y delicado que estamos viviendo en este país, podemos imaginar entonces la seria confrontación, división y desorganización que priva al interior de ese instituto político, donde al parecer no sólo han perdido la Presidencia de México, sino también la brújula y no atinan hacia dónde dirigir sus esfuerzos para resurgir.
En el PAN se está debatiendo internamente entre quienes piensan que los acuerdos políticos con el PRI son el camino indicado hacia la recuperación del terreno político electoral, y entre quienes consideran que deben responder y abanderar la demanda de ciudadanos que están inconformes con los resultados de la elección presidencial. Así lo demuestran en sus acciones, en sus dichos, en las posturas discordantes e individuales de sus liderazgos nacionales.
Pero también habrá quienes están confrontados internamente por el reparto de candidaturas y a través de personas en lo individual buscan a los culpables del fracaso electoral del partido a nivel federal. Es posible que ni aún en la derrota el PAN sea capaz de entender que ésta tiene que ver con su falta de compromiso como gobierno para con la sociedad, con su ambigüedad en la toma de decisiones como partido y como gobierno, con la incongruencia de sus representantes populares y gobernantes en el decir y el hacer, con liderazgos vergonzantes como el caso de Vicente Fox y con una candidatura presidencial que no tuvo fuerza hacia el exterior, por un sinfín de factores, de personas y de circunstancias que se crearon alrededor de su equipo, de su campaña, de su partido y del gobierno calderonista.
El PAN es víctima de sus propios yerros, como partido y como gobierno, y difícilmente cabría señalar responsables, que en su caso serían todos los que tuvieron o tienen un cargo público, porque al final de cuentas la gente votó en contra del gobierno panista a nivel federal, con todo lo que ello implica y con todas sus representaciones.
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