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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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La ciudad de las parotas

Domingo 03 de Marzo de 2013
         


ALEJANDRO MORALES

Que no lo ilumine el sol

ESTA columna se escribe el 19 de julio de 2012, en el día (la tarde casi noche) en que se celebra en la capital de Nicaragua, Managua, el 33 aniversario del triunfo de la revolución sandinista.
El discurso principal lo imparte bajo un sol de oropel, porque el sol de verdad no puede iluminarlo, el tres veces presidente Daniel Ortega Saavedra (1984-1990, 2007 y reelecto en 2011).
La revolución sandinista derrocó una dictadura de 40 años de la familia Somoza, en 1979, cuando Anastasio Somoza Debayle huyó del país el 17 de julio de 1979, fecha que fue declarada en Nicaragua como el “día de la alegría”. Dos días después fue proclamado el día del triunfo de la Revolución, con una gran celebración en la plaza principal de una Managua devastada por la guerra y el terremoto de 1972, del cual nunca se recuperó.
La revolución contó con el aplauso de amplios cuadros intelectuales en el mundo, entre otros el escritor argentino Julio Cortázar. Perduró hasta 1989, cuando el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) sorprendentemente perdió las elecciones contra la llamada Unión Nacional Opositora con la candidatura de doña Violeta Chamorro. El FSLN entregó el poder en 1990, pero también se repartió buena parte de las propiedades confiscadas a la dictadura entre la élite del partido en lo que entonces fue conocido como “la piñata”.
Escritores reconocidos, otrora convencidos revolucionarios sandinistas, como Sergio Ramírez o Ernesto Cardenal, entre muchos otros, han descrito profusamente la descomposición y la traición de los ideales revolucionarios por parte de los actuales líderes sandinistas, y en particular por el orteguismo en diversos libros y artículos. La revolución perdida es el tercer tomo de las memorias de Ernesto Cardenal, poeta que este 2012 fue declarado Premio Sofía.
Recuerdo que en plenos años del salinismo en México, Tomás Borge, uno de los líderes del FSLN, escribió un libro laudatorio sobre Carlos Salinas de Gortari que ya casi no se menciona, pero que da muestras de la atención que el FSLN siempre tuvo para con el sistema corporativo y clientelista del PRI en México, y del que sin duda mucho abrevó.
El FSLN volvió al poder en Nicaragua luego de 16 años, tras la elección de 2006, que ganó con apenas 38.07 por ciento, contra el voto dividido de la oposición de los partidos Alianza Liberal (29 por ciento) y Liberal Constitucionalista (26.51 por ciento), gracias a un tramposo acuerdo legislativo, cuando se redujo el porcentaje necesario para ganar en primera vuelta la presidencia, de 45 por ciento a 40 por ciento, o incluso hasta 35 por ciento si el candidato que ganara sacaba al menos 5 puntos de ventaja sobre el segundo lugar. Fue el caso en 2006 en Nicaragua. Sin esta contrarreforma el FSLN difícilmente hubiera ganado en 2006.
Dato curioso, con las mismas reglas y de acuerdo a los datos del IFE, Enrique Peña Nieto habría ganado también la elección, como de hecho la ganó (siempre de acuerdo a los datos todavía no ratificados por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación), con porcentajes muy parecidos a los del FSLN y la oposición dividida en 2006. Pero en México no hay, todavía, segunda vuelta. Y el PRI se opuso a su institucionalización, sobre todo por los diputados priistas vinculados a EPN luego que la propuso el presidente Calderón.
Otro dato curioso. Desde 2006, Daniel Ortega se esmeró en quitarse la imagen de belicista, dejó de vestir los trajes verde olivo militares, y destiló un discurso según él pacificista. Incluso religioso, y hasta pudiera decirse “amoroso”, aunque él nunca ha utilizado esta palabra. Él y su esposa, Rosario Murillo, encargada del ministerio de Comunicación, y en los hechos la otra parte de la ahí sí, en Nicaragua, pareja presidencial de facto, no dejan de mentar a Dios y a la virgen en casi todos sus discursos. Un gobierno cristiano, socialista y solidario es el lema de su administración.
A decir de Ernesto Cardenal, “Ortega está muy mal de salud, tiene una enfermedad sanguínea del corazón que no le permite tener más de una hora de sol al día, por eso todas sus actividades son de noche”.
Como fue el caso de la celebración de este 33 aniversario, iniciado apenas una hora del ocaso, y que se prolongó en un largo, largo discurso en contra de la llamada por él “tiranía del capitalismo salvaje”.
Casi se proclama la luz, la verdad y la vida, pero su fotosensibilidad no le permite ser calentado por el sol.

 

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