
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007
ARMANDO MARTÍNEZ DE LA ROSA
¿Fraude?
EN las insinuaciones de que habrá fraude electoral y en las respuestas invitando a firmar el respeto al resultado de la elección presidencial, se resume parte de la tragedia nacional: la legalidad evanescente, irreal, inexistente, selectiva, discriminatoria. En suma, la legalidad aplicada cuando conviene a quien tiene el poder de ejercerla y la legalidad esquivada por quien tiene el poder de eludirla. Ocurre en todos los órdenes: la política electoral es sólo uno de ellos.
Como siempre habrá quienes violen la ley, por los más diversos motivos, el problema es otro distinto: el de la impunidad. Hasta ahora, el fraude electoral ha permanecido impune. Me refiero al fraude probado, el de la elección presidencial de 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari se hizo de la presidencia arrebatándosela ilegalmente a Cuauhtémoc Cárdenas. El PRI lo negó. Pero años después, el expresidente Miguel de la Madrid reconoció públicamente la trampa, el fraude del “se cayó el sistema” de conteo de votos.
Quienes fueron acusados de operar el fraude, hoy son –quién lo diría– perredistas o lopezobradoristas. Son varios, porque Bartlett trabajó acompañado por el equipo salinista que después se rompería en mil pedazos.
En 2006, López Obrador argumentó fraude electoral en su contra. Fue tan estrecho el margen de diferencia entre él y Calderón que pudo haber ocurrido cualquier cosa. Como evidentemente no tengo elementos suficientes para probar si hubo o no fraude, me he abstenido de opinar al respecto. Sí hubo, en cambio, evidentes trucos, sobre todo en el ámbito de la propaganda negra, las campañas sucias y un Tribunal Electoral que aceptó la intromisión ilegal de Vicente Fox en el proceso, pero no se atrevió a anular el triunfo que el IFE le reconoció a Felipe Calderón. Si por menos, mucho menos que esa intromisión, se anuló la elección de gobernador en Colima, en 2003, ¿por qué no se utilizó la misma vara tres años después para medir algo mucho más trascendente?
Ahora, ante las insinuaciones del Peje de que podría haber fraude y que los consejeros del IFE son deshonestos, medio mundo le pide autógrafos a López Obrador con el cual se comprometa (“se comprometa y cumpla”) a respetar el resultado. Quieren maniatarlo en previsión de un conflicto postelectoral.
Dudo de que habrá fraude electoral; no, al menos, mediante trucos de conteo electrónico, el PREP y otras desproporciones por el estilo. Si lo hubiera, no es ése el camino, sino otro más tradicional, el de las viejas mañas. Por ejemplo, en una bodega del gobierno del estado de Veracruz, fueron descubiertas miles y miles de despensas con el logotipo del PRI y gráficos de Peña Nieto. No es el producto en sí mismo, del que podría alegarse un uso en campaña, sino que estuviesen almacenadas en un edificio del gobierno priista veracruzano. ¿Alguien duda de que “el viejo PRI” lleve al “nuevo PRI” de la mano de regreso a Los Pinos?
Como periodista que ha visto muchas elecciones presidenciales y de gobernador, no veo cómo el PRI haya renunciado a métodos de operación electoral que le han dado buen resultado y le servirán, el 1 de julio, para materializar la ventaja que hoy tiene en cifras de intención de voto, según argumenta y exhibe.
¿Alguien cree que el PRD no recurrirá donde pueda y le permitan a los mismos o similares métodos el día de la jornada comicial, sobre todo porque el pasado priista de muchos dirigentes y operadores solaztequistas los impulsa a proceder así? ¿Alguien duda de que ese día, aparecerán quienes revienten casillas adversas?
¿Y no recurrirán los panistas a sus propios trucos, como lo han hecho en otras ocasiones, incluso en elecciones internas?
Todo cabe esperar en un país donde medio mundo se pasa la ley –en este caso la electoral– por el arco del triunfo, empezando por el presidente Felipe Calderón.
MAR DE FONDO
** ¿Cuál es la razón de que con cierta frecuencia se modifique la programación de los semáforos en las calles de la ciudad? Durante cierto tiempo, las luces de circulación de una determinada calle o avenida, mantienen una secuencia; pero de pronto, se cambia. ¿Se debe a alguna razón importante o es simplemente un trabajo mal hecho? Hay conductores que planean sus rutas para ahorrar tiempo y sucede que les cambian la jugada de un día para otro.
** Las lluvias han reabierto baches en las calles de la ciudad. Es normal que eso suceda. Esperemos que en cuanto el sol seque el pavimento, el ayuntamiento disponga el trabajo de rellenarlos. Desde ahora debe prepararse para enviar brigadas de inmediato.
** Vecinos del Fovissste en la capital del estado intentaron reportar a la CFE un cable tirado sobre la banqueta, en la avenida Insurgentes. El cable cayó luego de escucharse un fuerte trueno en un poste (suponen que el ruido lo generó un transformador que pasó a mejor vida) y no sabían si conducía o no electricidad. Llamaron al 071 de la CFE y les contestaron en Mérida, a más o menos mil 600 kilómetros de donde estaba el cable y no les recibieron el reporte porque quien llamó no sabía su número de cliente que la empleada de la famosa empresa “de clase mundial” le exigía para elaborar el informe y enviar técnicos a reparar el desperfecto. Hasta el momento de escribir esto, ningún cristiano se había achicharrado con el cable caído. Menos mal.
** ¿Cuál sería –imagine usted– la reacción de un alto funcionario gubernamental o de un político de altos vuelos, si al comprar tortillas le dieran las del día anterior, duras y resecas, en lugar de las recién salidas del comal? ¿Y cómo reaccionaría si paga zapatos nuevos y los recibe con un agujero en la suela? ¿Y si en lugar de gasolina le llenaran el tanque del carro con aceite de cocina? Les armaría a los proveedores la de Dios es Padre, y tendría razón. Entonces, ¿por qué los ciudadanos soportan sin chistar los malos, pésimos, insufribles productos y servicios que dan los políticos y los gobernantes?
** “¡Y tanto, y tanto te amo/ que mis palabras mueren/ en un rumor de besos sin descanso!/ ¡Y tanto todavía que mis manos/ no te hallan al tocarte!/ ¡Tanto y tan sin descanso,/ que fluyo, y fluyo, y fluyo,/ y es solamente llanto!”. (Gabriel Celaya, español, 1911-1991. Apasionadamente.)
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