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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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Domingo 03 de Marzo de 2013
         


SERGIO BRICEÑO GONZÁLEZ

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QUE las elecciones se resuelvan en las universidades puede ser una señal de que en las aulas no solamente se pone uno en la fila delantera para verle las piernas a la profesora de inglés. También pueden servir para mandar el mensaje de que igual se va a la escuela a estudiar.
Allí, por ejemplo, podemos estrenar nuevas frases, preguntas inquietantes o aprender a pronunciar con la correcta entonación la palabra parangaricutirimícuaro. En una de esas hasta nos ponen a un candidato a la Presidencia de la República al que podamos preguntarle qué opina de la longitud anómala de la esfera triangular de un isótopo de fosfenos.
Las universidades son así, y si toca la suerte de que nos lleven a un abanderado a la máxima magistratura del país (de preferencia priista), que nos dedique un par de horas en su apretada agenda, entonces por qué no, hasta podemos empuñar pancartas con consignas en su contra, lanzar invectivas y no dejarlo salir por la puerta principal.
Quien piense lo contrario se equivoca en redondo. Las universidades para eso se inventaron. Ya mero nos íbamos a encontrar a un grupo de estudiantes dóciles, tímidos para las preguntas. No, señor, de lo que se trata es de que vean que estudiamos y hasta somos más inteligentes porque empleamos vocablos que sirven más para apantallar en el examen oral de sexto semestre que para la vida cotidiana.
No me aparto. Para eso se va a la facultad, y es por eso que en las universidades es donde empiezan, casi siempre, a tejerse los futuros o a lamentarse los pasados. Ésa es su función y su materia: provocar mediante el intelecto. No por nada los lemas universitarios siempre llevan la palabra “estudia” o la palabra “piensa” o la palabra “ciencia”.
Las pruebas de fuego de los candidatos, sin embargo, no siempre son parejas. Por lo menos debieran ir a las universidades todos los candidatos juntos, para que se armara la traquetinga y algo sacaran los educandos de las cándidas promesas de quienes quieren gobernar a México.
Por eso digo que en las universidades se podría definir la elección presidencial. Y es por eso, también, que Peña Nieto, abanderado priista en los comicios que se avecinan rumbo a Los Pinos, sí debió ir a la Universidad Iberoamericana (como de hecho lo hizo), para que supiera, de una buena vez, que a la escuela no solamente se va a sentarse en la primera fila para verle las piernas a la maestra de inglés, sino también a estrenar términos que sean indicativos de que también se va a estudiar.
Más candidatos a la Ibero, será muy pronto el grito de batalla. Y a ver quién gana.

 

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