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AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007

 

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Malas compañías

Miércoles 23 de Marzo de 2011
         


MARIO ALBERTO SOLÍS ESPINOSA

Freno a la voracidad

LA anulación del nombramiento de los consejeros electorales que el Congreso local había realizado en octubre pasado, no es más que el previsible resultado de la flagrante estulticia con que viene procediendo la mayoría del PRI y sus aliados en el Poder Legislativo. Su necedad, autoritarismo y escasa capacidad para el arte de la política pone en entredicho el avance democrático en Colima.
El resolutivo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no se trata de una decisión política, sino de un oportuno freno a los excesos del bloque oficialista, un alto al voraz proceder de quienes toman las decisiones en el Poder Legislativo, y generalmente lo hacen desde la soberbia, a espaldas de la sociedad.
Ahora los diputados ya saben que no son intocables, que ni su aplastante mayoría les garantiza la impunidad, pues en esta ocasión bastó que un grupo de ciudadanos se organizara para cuestionar las decisiones legislativas, logrando que un órgano ajeno a las mafias locales, procediera con el sentido común que les hace falta a nuestros tribunos.
No obstante, ensorbecidos por el espejismo del poder, los diputados tricolores se resisten a instrumentar las medidas necesarias para abrir la elección de los consejeros a los ciudadanos. Mañosos como son, los tribunos se esforzaron para llenar de trampas el nuevo procedimiento para renovar el Instituto Electoral del Estado (IEE).
Su torpeza les impide entender que la reposición del procedimiento de elección de consejeros es también una oportunidad para poner en práctica los buenos oficios de la política, pero sobre todo para dejar en manos de los ciudadanos la construcción de la nueva realidad democrática que tanto le hace falta a Colima y en cuya edificación los partidos han fracasado.
Resulta evidente que el nuevo procedimiento que utilizarán los legisladores sólo cumple con una mínima parte de lo ordenado por el TEPJF en su resolutivo, aquella que corresponde a la máxima publicidad que permite la participación de los ciudadanos en asuntos públicos, sin embargo, eso no es todo lo que pidió el tribunal, como tramposamente lo afirman los tribunos.
La convocatoria aprobada por la fracción tricolor y sus aliados no contempla bases ni procedimientos para darle curso a la exigencia de certeza, objetividad y transparencia, pues luego de que los ciudadanos se registren como aspirantes a un espacio en el consejo del IEE, nuevamente se dejará a la discrecionalidad de las fracciones la decisión final.
Para que se cumplan los principios rectores de certeza y objetividad en el nombramiento de los consejeros, tendría que establecerse una mecánica de selección con pruebas medibles y parámetros cuantificables. La difusión de esos resultados cumpliría con un requisito más de los ordenados por el tribunal federal: la transparencia.
En vez de eso, la mayoría priista diseñó un procedimiento amañado e incompleto que los pone al borde del desacato. No se entiende cómo a la vista de la máxima instancia jurisdiccional en materia electoral, los representantes populares insisten en llenar de triquiñuelas un procedimiento que debería ser claro, sencillo y a la vista de todos.
Además, y sin menospreciar la capacidad de los siete perfiles que ya habían sido electos en octubre pasado, es claro que son producto de un proceso que por tramposo, ya fue anulado por el TEPJF, por lo tanto su ratificación en una nueva lista sería un error político que podría traer consecuencias futuras para el estado de Colima.
Lo anterior debido a que al margen de que pudiera encuadrarse como un desacato, la insistencia en un mismo procedimiento, con los mismos nombres, pudiera interpretarse como una burla en el seno de la Sala Superior del TEPJF, y como humanos, sus integrantes buscarían cobrar esa afrenta a la primera oportunidad, en detrimento del avance democrático de nuestro estado.


BREVE HISTORIA PARA CAMILA
Del acontecimiento que narraré a continuación no fue testigo ocular, me enteré por boca de la progenitora de mi princesa. Resulta que la moconeta, entregada por completo a las actividades lúdicas que suele desarrollar todas las tardes en el barrio de su querida abuela, se enfrentó a una lección de vida de ésas que no se olvidan. Me narró su madre que jugando a las escondidas y por motivos poco claros, la nena tomó entre sus manos lo que ella consideró lodo; quizá le llamó la atención la sustancia u otros resortes en su mente funcionaron de manera misteriosa. Luego de eso, la rijosa parvulita se metió corriendo a casa de su abuela pidiendo que le lavaran las manos porque había agarrado lodo. De inmediato el olor hizo comprender a su abuela que aquello no era tal, sino el producto del estómago de alguno de esos perros que suelen realizar sus necesidades en plena calle. De inmediato la moconeta fue sometida a un intensivo baño y ahí quedó el asunto, cuando me platicaron lo ocurrido, la princesa solamente me observaba como diciendo: “No quiero comentarios”.

 

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