
AÑO 60 | Nº EDICIÓN 20007
MARIO ALBERTO SOLÍS ESPINOSA
Sólo entre dos
EL segundo y último debate presidencial organizado por el IFE reflejó fielmente la situación en que se encuentra la contienda electoral, con dos candidatos punteros que salieron a no cometer errores y una tercera postulante que decidió jugarse todo su resto, tratando de bajar a sus contendientes en base a descalificaciones, mentiras y mañas, una colección de malas artes.
De esta nueva edición del debate presidencial, quizá el más visto en la historia de México, también destaca la superficialidad de los participantes, pues los temas que más le duelen a los mexicanos, como la inseguridad, la violencia, la impunidad y la corrupción de la oligarquía política no se tocaron, fueron temas vedados.
Tampoco en esta ocasión fue discutida la agobiante violencia que ha cobrado la vida de al menos 60 mil personas y el desplazamiento de otras 25 mil. No es posible que quien aspira a gobernar el país no esboce con seriedad un plan de gobierno para acotar el poderío del crimen organizado y les arrebate a los criminales enormes regiones del país que ahora controlan.
La propuesta del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, dirigida a reducir la brecha entre ricos y pobres para serenar al país es interesante, pero no es suficiente si no va acompañada de una serie de medidas bien definidas. El resto de los candidatos apuestan a darle continuidad a la estrategia actual, no obstante que resultó un fracaso.
No aparecieron en este debate comentarios relativos a la publicación del periódico inglés The Guardian, misma que revela posibles nexos del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, con Televisa. Igualmente no hubo referencias al supuesto pase de charola que en una cena protagonizaron cercanos colaboradores a Andrés Manuel López Obrador.
Y no salieron a cuadro estos asuntos porque ambos candidatos prefirieron aprovechar su espacio para dirigirse al sector de indecisos, entre el 15 y el 20 por ciento de los posibles votantes, de acuerdo a la mayoría de la encuestas. La apuesta de Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto fue sencilla, dirigirse a ese segmento porque saben que ahí se define la elección.
El candidato de la izquierda lució sereno y genuino, sorprendió que no enderezara un solo ataque contra sus adversarios. Sus encuestas deben ser muy contundentes, pues dejó pasar la oportunidad de interpelar al priista, quien por su parte utilizó sus intervenciones para dirigirse a la audiencia como si se tratara de un largo espot.
Josefina Vázquez replicó la estrategia de su partido, golpear a su adversario para ganar adeptos. Así es su campaña, pues son los panistas quienes han ensuciado las dos últimas elecciones presidenciales. Con hipocresía acusan a sus oponentes de violentos, cuando son ellos quienes promueven la división, el encono, la confrontación.
No han dudado en mentir, tal como Josefina en el debate, para descontar al de enfrente. Las aspiraciones democráticas de todo un país les importan muy poco. En 2006 polarizaron a los mexicanos con su campaña de odio y hoy intentan repetirlo. La descalificación fue el único argumento de la panista; lució desesperada.
Además, le faltó decir qué tipo de mujeres serían Fox y Calderón, eso le hubiera gustado mucho a la audiencia cuando invitó a que los mexicanos imagináramos a sus contendientes como féminas. Igualmente, ella no se describió, pero la sociedad ha tenido oportunidad de conocerla en los múltiples cargos que ha desempeñado al más alto nivel de la política nacional.
El impacto del debate se verá en los próximos días, sobre todo en el segmento de los indecisos, a quienes se dirigieron los candidatos de la izquierda, el PRI y el PAN. De ese porcentaje dependerá en gran medida el resultado del próximo 1 de julio.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA
La moconeta ya comienza a dar muestras de vanidad, pues cuando no la veo, le da por tomar el maquillaje de su madre y sale de la casa con sombras y labial. Pone su cara de sospechosa y niega sistemáticamente que se haya maquillado. El otro día tuvo la desfachatez de decirme que no le dé un beso tan efusivo cuando la dejo en su jardín de niños. Está creciendo y ya no le hace tanta gracia que andemos acaramelados por la calle. Yo le digo que todavía es una nena y que por supuesto no le hace falta nada para lucir hermosa, ella como respuesta solamente se burla porque todavía no aprendo a hacerle un peinado decente… Por cierto, sufrí para evitar que el domingo viera el debate, estaba empecinada en seguirlo y tuve que recurrir a las palomitas y una película de Barbie para quitarla del televisor donde yo me disponía a observar la perorata de nuestros inefables candidatos.
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