
Triunfan Puerto y El Zapata
Petronilo VÁZQUEZ VUELVAS
El originario de Alcorcón, España, asegura tres orejas; el orgullo de Emiliano Zapata, Tlaxcala, dos
El español Víctor Sánchez Cerda, mejor conocido como Víctor Puerto, resultó el triunfador en la última corrida de feria en la Petatera de Villa de Álvarez, al cortar tres orejas, una en la primera faena y dos con el segundo de su lote.
El coso, con un lleno al 90 por ciento, gritó, como en las grandes plazas, el famoso ¡ole!, al anunciar los parches y metales el inicio de la corrida.
Puerto, al primero en suerte de la ganadería de Cerro Viejo, de nombre “Hierbabuena”, negro, delantero, bien puesto, le arrancó una bonita serie de naturales rematadas con tres bellísimas estatuarias; resuelto a la hora de matar, aplicó un estoconazo de antología, que le valió por sí solo la oreja que le concedió el juez a petición del público.
En el segundo de su lote, también de la ganadería de Cerro Viejo, de nombre “Gitano”, un negro, meano, veleto, lo atendió con una buena selección de verónicas y medias verónicas en los medios de la plaza; en el último tercio lució con finos molinetes de rodillas y naturales, mirando a los tendidos, mató de un estoconazo que, aunque ligeramente caído, hizo rodar al burel a los pocos segundos, lo que le valieron las dos orejas.
El Zapata, como siempre, puso corazón y sentimiento en la arena, al primero de su lote y tercero de la tarde, un negro, zaino, enmorrillado, delantero, de la divisa de Cerro Viejo y de nombre “Emisario”, lo recibió con una larga cambiada de rodillas. El toro muy bien en la reunión con el de varas, luciendo el tlaxcalteca con tres pares de alfileres, al quiebro, al violín y al cuarteo.
Destacó con la muleta con vistosas navarras y se ganó un apéndice al matar de buena manera. En el segundo de su lote y último de la corrida, de nombre “Relicario”, de cerro viejo, se adornó con una bonita tanda de chicuelinas; puso los tres pares de igual manera que el primero de su lote y mató con efectividad, para ganarse una oreja.
A Rodolfo Rodríguez El Pana, en el primero de su lote y corrida, le tocó en suerte un toro feo, playero, abanto, incierto, muy difícil para la lidia, al que no hizo mucho por él, y después de dos o tres buenos derechazos se tiró a matar, pinchando dos veces. Escuchó silencio.
En el cuarto de la tarde y segundo de su lote, la nostalgia y las lágrimas arribaron, cuando el brujo de Apizaco, encaró a un negro, zaino, delantero, al que recibió con una bien facturada veleta, y con el marco de las golondrinas entonadas por la banda de música, se regodeó con una bella colección de molinetes antiguos, derechazos con mucha inspiración, medias trincheras y naturales barriendo las costillas del astado.
Desgraciadamente no tuvo suerte con el acero a la hora de matar, ni en el descabelle, por lo que el toro tuvo que regresar vivo a los corrales, de todas maneras y con la anuencia del público el matador, que dedicó esta tarde a los panaderos, mesalinas, a las de tacón dorado y pico colorado, dio una vuelta al ruedo, entre la aclamación del público y el acompañamiento musical de las golondrinas; besó el suelo en el centro de la plaza con un ramo de flores y levantó los brazos al cielo, como agradeciendo al infinito.
Regresó al burladero de matadores, con ese clásico paso de la pantera rosa, arrastrando las zapatillas. Jamás La Petarera volverá a tener en su regazo a la leyenda, al menos no vestido de luces, a un hombre atribulado por su adicción al alcohol, controvertido, que lo mismo hacía vibrar los tendidos con un trincherazo, o con un espectacular y arriesgado par de calafia, o recibía la rechifla del respetable.
Se ha ido para siempre de Colima y Villa de Álvarez, el último romántico de la fiesta taurina.
El Pana: Silencio y aplausos.
Víctor Puerto: una oreja y dos orejas.
El Zapata: Una oreja y una oreja.
Muy bien, de nueva cuenta, el juez Alfredo Huicochea, que está haciendo respetar la plaza.
Muy buen encierro, ya nos lo debía el empresario.
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