
De ayer y de ahora
Nunca pensé que…
JAIME ROGELIO PORTILLO CEBALLOS
LO que nunca creà me iba a pasar, me pasó. En las pasadas vacaciones decidà quedarme en la ciudad. Aproveché el tiempo para convivir más con mi esposa y familia, arreglar algunos pendientes en mi casa, ordenar algunos asuntos, visitar parientes y saludar amigos.
El sábado 7 de abril de 2012, de la Semana Santa, recibà una llamada de mi amigo Armando y después de saludarnos quedamos de reunirnos en un terreno o finca rústica que tengo por la calle Miguel Galindo, entre Mariano Arista y Aquiles Serdán, en el barrio de La Salud y de San José. Quedamos de vernos a las doce y media.
Llegué al lugar, estacioné mi camioneta, cerré ventanillas y me introduje a mi predio y esperé a mi amigo, quien a los pocos minutos llegó.
A la sombra de un añoso mango nos sentamos y platicamos sobre algunos proyectos y posibilidades, de algĂşn negocito. Repasamos a los amigos y conocidos conjuntos y antes de que transcurriera una hora de plática me comentĂł que se despedirĂa. Lo acompañé a la puerta, lo despedĂ en la banqueta y una vez que partiĂł, dirigĂ la mirada al lugar donde dejĂ© estacionada mi camioneta y en su lugar estaba… ¡otro coche! Casi frente al nĂşmero 236 de la calle Miguel Galindo habĂa dejado mi camioneta Nissan estacas modelo 92 con placas FF10267. Con asombro e incredulidad me percatĂ© de la desapariciĂłn de mi camioneta. TodavĂa no daba crĂ©dito, me preguntaba: ÂżO la dejĂ© en otro lado?, con el ingenuo e inconsciente deseo de no querer darme cuenta o aceptar el hecho.
Como un baño de agua frĂa unido al coraje e impotencia sentĂ mi ánimo encolerizado e incapaz de resolver el regreso de mi camioneta. SĂ, me habĂan robado mi camioneta. Pensaba, Âżpero cĂłmo? Mi camioneta era vieja, de trabajo, estaba cerrada, bien estacionada.
En esa vieja camioneta, que adquirĂ el año 2000, habĂa iniciado y realizado un negocio de venta de plátanos fruta y plátanos deshidratados. Durante varios años la utilicĂ© habiĂ©ndole adaptado una estructura metálica arriba de la “caja” y la habĂa cubierto con una lona camionera color azul con un letrero lateral en ambos lados que decĂa “Plátanos”.
Esa camioneta siempre me fue Ăştil para trabajar y para realizar distintos movimientos como trasladar muebles, cajas, macetas, plantas, ramas, basura… lo contradictorio de la vida: amigos o parientes con carros lujosos llegaron a pedirme favores para trasladar objetos a pesar de que sus vehĂculos les hubieran costado cinco, seis o diez veces el valor de mi camioneta. Pero mi camioneta no se rajaba en otorgar servicios de mucha utilidad.
Pero volviendo al robo, enseguida del sorpresivo desconcierto provocado, me preguntaba: ÂżY ahora quĂ© hago? Me decĂa y agregaba: Y ni me acuerdo de las placas. Luego hablĂ© por celular con mi esposa, le platiquĂ© lo sucedido, le pedĂ que pasara por mĂ para recoger los papeles de la camioneta e ir a presentar la denuncia a la ProcuradurĂa de Justicia del Estado.
Ya en la procu presentĂ© mi denuncia dando santo y seña de todo lo que sabĂa del hecho. “DĂgame si la camioneta tiene algunas señas particulares”, fue una de tantas preguntas que me hicieron en la mesa donde me atendieron. ContestĂ©: Es de color blanco, modelo 92, con redilas metálicas laterales, con una estructura metálica alta que sostiene una lona camionera color azul; encima de la cabina tiene una pequeña estructura con lona azul a manera de “cachucha”. La camioneta es inconfundible.
Después de presentar mi denuncia por robo, el licenciado que me atendió dijo: “Quedó con el número 194/12 y tendrá que darle seguimiento en la mesa décimo primera”.
SalĂ cabizbajo de la ProcuradurĂa y me dije: La vida tiene que continuar, esperemos que la encuentren… Los dĂas han pasado y nada nuevo he sabido.
El otro dĂa me encontrĂ© a mi primo Caco Ceballos hijo, a quien platiquĂ© del hecho, y despuĂ©s de escucharme y hacerme algunos comentarios, me dijo: “Hazle como mi papá; Ă©l, cuando lo robaron y no veĂa soluciĂłn, decĂa: Me hicieron una poda”.
Me quedĂ© pensativo y dije para mis adentros: lo mĂo no fue poda, fue joda.
Usted, estimado(a) lector(a), ¿qué hubiera sentido si le hubieran robado su camioneta? ¿Qué hubiera hecho?