Orquesta Horacio Colorado Naranjo, una tradición

La Orquesta de Horacio Colorado Naranjo suma 86 años de historia, y está integrada sólo por músicos colimenses.

Carlos Alberto PÉREZ AGUILAR | Domingo 13 de Noviembre del 2016 8:28 am

ESCUCHAR tocar a la Orquesta del Colorado Naranjo es rendir tributo a los bailes de salón. Detener el tiempo al ritmo de las trompetas, del bajo y las percusiones que marcan el paso doble, los danzones y el cha-cha-chá.

La música de la orquesta incita a bailar, y al cerrar los ojos, es fácil imaginar a parejas ataviadas de manera elegante: las mujeres con vestidos largos y los hombres con traje y sombrero, tomados de las manos y siguiendo las canciones con ritmo y devoción.

Es día de ensayo en el salón del Colorado Naranjo y Diario de Colima estuvo ahí. Desde las 7 de la tarde, los músicos se reúnen en una casa de la calle Corregidora, en el centro de Colima. 

Cada semana, de manea religiosa, los integrantes de esta orquesta ensayan; así ha sido este ritual desde más de 80 años que se integró el conjunto musical, que se mantiene vigente gracias a la herencia que se ha seguido generación tras generación, por parte de los músicos que la conforman.  

Don Horacio Naranjo Garibay, mejor conocido como El Colorado, ahí está, al frente de la orquesta. Recientemente fue operado del corazón, le reconstruyeron tres arterias, pero el médico sólo le dio un mes de reposo. El periodo de descanso ya se cumplió y, ahora, alegre, asegura que nunca dejará de tocar.

“Me dio el doctor sólo un mes de reposo. A mí me sorprendió eso, pero yo sí le dije al médico que no podía estar mucho tiempo sin hacer esto, porque si no lo hago, ahora sí me muero. La música es mi vida”, platica el director de la orquesta, quien se encarga minuciosamente de revisar la afinación de los instrumentos, “para que todo salga como debe salir, así sea un ensayo”.

¡Uno, dos… un, dos, tres! Comienza la orquesta la práctica con Al sur de la frontera, una canción muy significativa para los Naranjo, la cual usan para abrir presentaciones y ensayos. Una melodía que fue inmortalizada a nivel mundial por Pablo Ruiz Beltrán.

“Yo nací en 1938. Antes de que yo naciera, mi padre, Carlos Naranjo, fue músico, él ya tocaba desde mucho antes. Mi papá estuvo en Estados Unidos y allá aprendió de música de orquesta; después se enfadó y regresó a México, sí, se devolvió al sur de la frontera y regresó aquí hasta Colima.

“Cuando llegó, decidió juntarse con una orquesta, en 1930; eran varios maestros los que tocaban e hicieron un buen grupo. Yo nací años después y de mi padre aprendí todo; desde chiquillo me traía en esto y desde entonces supe que sería mi vida. Esta canción (Al sur de la frontera) es de las que más me gustan por eso, porque me recuerda a mi padre, pero también me recuerda a mi madre, que le gustaba mucho”, platica el director. 

Hoy, la leyenda de la Orquesta de El Colorado Naranjo está viva y vigente, porque los músicos de varias generaciones se han sumado a su historia y no se ve cuándo esta tradición pueda terminar, ya que en las filas de la banda se encuentra un hijo, también de nombre Horacio, que toca el trombón, y dos nietos muy jóvenes, Horacio y Miguel, el primero trompetista y el segundo en las percusiones.

“Esto no se tiene por qué terminar; al contrario, tenemos que dejar nuestra huella y que las nuevas generaciones sigan en un futuro con todo esto, sería lo que más nos alegraría. La competencia es cada vez más, pero la música de orquesta, si el público así lo pide, seguirá existiendo y los Naranjo estaremos aquí”, expresó don Horacio.

Paloma Negra, Quién será la que me quiera a mí, Luces de Nueva York, son algunas de las canciones que acompañaron el ensayo que duró alrededor de 2 horas.

En los muros del salón se observan decenas de cuadros colgados en la pared; en ellos hay retratos familiares, fotografías de la orquesta con artistas como Marco Antonio Muñiz, el Mariachi Vargas de Tecalitán, algunas imágenes de Carlos Naranjo y El Colorado cuando era joven; premios diversos de tantas y tantas giras, de años de recorrido musical, así como viajes por todo el país.

De entre todas, es especial para don Horacio una foto de la Orquesta de la Armada de México, que fue tomada a mitad del siglo pasado. En ese retrato, colocado justo detrás de la tarima principal de ensayos, se encuentra quien fuera, junto con su padre, su gran mentor, el capitán Ponciano Galloso Perea.

“A mí me quería mucho el capitán. Como yo estaba chiquillo y colorado de la cabeza, me ayudaba mucho. Él vio algo en mí que no encontraba en nadie más. Yo me le pegaba para todos lados porque quería aprender de él. Era un gran trompetista”, recuerda con nostalgia.
“Cuando se fue mi maestro a México, lo fui a llevar a la estación que se ubicaba en el jardín Núñez. Yo tenía como 16 años. Me dio un abrazo… y de tan duro que era, nomás vi que se le rasgaban los ojos y no se me olvida que me dijo: ‘lo único que me duele es no haber hecho de ti el mejor trompetista del mundo’. Me dolió que se fuera”’. Don Horacio suspira.

La vida de El Colorado Naranjo no fue del todo sencilla. Él vendía periódicos, estudiaba, ayudaba en la casa y se daba tiempo para la música.
En la escuela, cuenta, “me hacían mucha vagancia, me tiraban mucha carrilla porque yo era pelirrojo, me hacían sufrir. Es muy feo estar donde hay todos parejos y nomás uno diferente; yo tenía el pelo rojo y no me gustaba que me llamaran El Colorado, pero mira, al final se me quedó”.

Si bien sus hermanos también empezaron de jóvenes con la música, al final fue él quien siguió con la herencia de su padre.

“Quien es músico, nace músico, quien no… más vale que se dedique a otra cosa”, es por ello que siguiendo su instinto, acompañó su oficio de sastre con la orquesta, que durante décadas enteras llenó plazas públicas, festividades populares, hasta poder recorrer una buena parte del país con su música.

“Nos tocó alternar cartel con grandes, como Dámaso Pérez Prado, Marco Antonio Muñiz, con muchos artistas como José José e incluso Juan Gabriel, cuando apenas iban empezando. La música nos ha dado todo y nos permite estar felices y alegres por lo que hacemos”, comenta.

Durante décadas, la Orquesta Colorado Naranjo amenizó el baile principal de la Feria de Colima, cuando se hacía en el jardín Núñez y después en terrenos frente a la Piedra Lisa. Desde hace algunos años, amenizan el Baile Una Cana al Aire, en el que jóvenes, adultos y adultos mayores reviven la alegría de los bailes de salón.

“Muchas orquestas han pasado, se hacían llamar de muchas maneras para hacernos menos. Dizque algunas llegaban diciendo que iban a tocar a Nueva York y no sé qué tantas cosas, pero nunca eso nos afectó, porque nuestro público lo tenemos y a él nos debemos.

“A nosotros nos pueden pedir de todo. Tampoco somos mariachis como para andar complaciendo; somos una orquesta. Pero nos hemos metido a lugares donde hay que tocar banda, y otros donde las cumbias son las que ambientan. Si queremos continuar, debemos adaptarnos, pero eso sí, nunca malbaratar nuestro trabajo. El que nos quiera, que pague lo que vale nuestro trabajo”, expresa al hablar de la competencia.

La Orquesta Colorado Naranjo es contratada para eventos de gran nivel en la Armada de México, para festivales de clubes, como Leones y Rotarios, pero también, asegura, le dan a la gente de Colima sus presentaciones en fiestas patronales, donde no cobran un solo peso.

“No se trata sólo de dinero, pero sí de algo viviremos. Se trata de una identidad, de sentirnos bien por dónde estamos y lo que hacemos. De recibir un aplauso sincero porque le gustó al público nuestro trabajo. Hace poco nos invitaron a una plaza de toros para que fuéramos a amenizar la corrida, o querían que tocáramos en un recibimiento, en esos casos hay niveles, los muchachos y yo dijimos que no”.

La historia de El Colorado Naranjo y su Orquesta están vigentes. Ahora, los nietos han llevado la música de la banda a las redes sociales, alcanzando contratos que en el pasado no se hubieran podido lograr, y dejando claro que esta música no pasará de moda y persistirá en la memoria de quienes asistan a sus bailes.

“No me quiero morir pronto… Pero el que va seguir con esto es mi hijo, el único hijo hombre que tengo y él ya tiene a sus dos hijos aquí. Esto no se va a terminar. Toda la vida trabajé con muchas ganas y lo que quiero es que mis hijos y mis músicos que me acompañan sigan con esto.

Que no se dejen llevar por las tentaciones, porque eso ha llevado a muchos a la perdición y al panteón. Si ellos hacen las cosas bien, por lo menos tendrán esto para seguir cuando yo no esté”, concluyó don Horacio.

Es tiempo de cargar las últimas maletas y subir las bocinas al coche para llevarlas al camión. Este fin de semana, la Orquesta Colorado Naranjo está de gira fuera del estado de Colima; anda por los rumbos de Michoacán.

 


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